sábado, 14 de noviembre de 2015

CAPITULO 31




Marcos se había quedado serio, pero entendiendo, se fue con Flor.


Pedro se la llevó al otro extremo de la sala con cara de pocos amigos.


—Vos lo invitaste? — le preguntó.


—A quien? — le preguntó Paula desconcertada y molesta por como la miraba.


—A tu amiguito…


—Vino con Flor. Pero, cuál es tu problema?


—El. — le contestó — Es mi fiesta… es mi casa… y te fuiste a bailar con él.


—Te estás escuchando? — le preguntó ella enojada.


—Además te estaba mirando las piernas…


Paula se miró. El vestido le llegaba al piso. Lo miró levantando una ceja.


—Estoy bailando con mi amigo porque vos estas muy ocupado charlando con tu amiga…-soltó


—Ah, o sea que te fuiste para darme celos… —le dijo él entrecerrando los ojos.


—En serio? — le preguntó ella casi riéndose.


El la miró. Era imposible no contagiarse de su risa.


—No me hagas reír. Estoy enojado. — le dijo tratando de morderse los labios para no reírse.


La sonrisa de ella solo se ensanchó.


—No me pasa nada con Marcos. Solamente quiero estar con vos. — le dijo acariciándole la mejilla.


El la miró. Su mirada azul, seria. No expresaba nada.


Después cerrando los ojos, apoyó su cara contra la mano de ella.


—Y yo con vos, hermosa. — le dijo él, y la besó en los labios.


Después de un par de besos y palabras dulces, los dos volvieron a la fiesta tomados de la mano.


Marcos le había hecho señas de que se iba, y Flor estaba por ahí hablando con alguien.


Los proveedores a los que Pedro había invitado eran los más importantes del país. Y muchos estaban en la industria de la moda desde la producción. Así que Paula se sentía muy afortunada de estar ahí.


Tomándola de la cintura, la acercó a un grupo de personas que estaba mas adelante.


Una señora de unos 40 años, con cabello recogido en un moño tirante, saludó a Pedro.


Pedro, hola! Que hermosa fiesta — le dijo sonriendo con la barbilla alzada.


—Gracias Amanda. — dijo dándole un beso en la mejilla. Miró a Paula y le dijo — Amanda es la editora jefe de la revista Harper's Bazaar.


—Mucho gusto, un placer conocerla — dijo Paula, dándole la mano.


—Amanda, Paula trabaja en N Producciones, y es mi novia. — dijo sin dejar de mirarla.


—Mucho gusto, querida. — le dijo Amanda, soltándole la mano, para besarle la mejilla.


Paula sonreía. Estaba en frente de una de las personas más importantes en el mundo de la moda argentino, una de las personalidades más influyentes, alguien que podría impulsar su carrera, alguien con quien miles se morirían por tener el placer de hablar y ella solo escuchaba: Y es mi novia, Y es minovia, Mi novia, Novia…N O V I A… NO-VIA… MI-NOVIA…


Asi continuó la noche.


Pedro había hablado con todos los invitados, sin dejarla de lado otra vez. Y a todos, la había presentado igual.


Todos estaban impresionados, porque nunca habían conocido una novia del modelo.


Paula se daba cuenta de cómo la miraban. Pedro, la sujetaba por la cintura con naturalidad, o la tomaba de la mano, y le hablaba al oído.


De hecho se tomaron un par de fotos. Para la prensa. En donde, en todos lados diría. El modelo Pedro, y su novia. Novia. Su novia.


También notó la cara de Rebeca. Pedro, se había acercado al grupo en donde estaba la modelo, rodeada por otras tan bonitas como ellas, y sus ojos casi se salen de sus órbitas, cuando él, al presentarla, dijo que era su novia, y para colmo, le había dado un rápido beso en los labios mientras la
miraba a los ojos.


Paula pensó que la top model, la iba a despellejar en plena fiesta por como la miraba.


Pero le importaba poco. Solo tenía ojos para SU modelito. 


Había hablado de ella con orgullo y algo más en sus ojos, que no descifró.


Aunque, seguramente lo más llamativo hubiera sido su propia cara. Total y completamente embobada. Con una sonrisa que se le había instalado en el rostro desde hacía horas, y no se le iba a borrar.


Cuando los invitados se fueron, ellos se fueron a acostar, estaban agotados.


Pedro, al lado suyo, la abrazaba por la espalda, mientras le daba besitos en el cuello.


—Asi que soy tu novia, Ken? — le preguntó sonriendo.


—Yo digo que si — se rió. — Aunque no tengo ni idea de que se trata, Barbie.


Ella se dio vuelta, y le besó los labios.


—Vamos a probar esto, Barbie…si no funciona, prometeme que no me vas a odiar.


—Te lo prometo. — le dijo ella mientras le daba otro beso.


—El lunes, cuando estaba hablando en el estudio me dijeron que se adelanta mi viaje a Londres.


—Me imaginé. Por qué no me dijiste nada?


—Te iba a decir, pero después…


—Se complicó todo. — dijo Paula, recordando.


—Si.


—Cuándo te vas?


—La semana que viene. — le dijo él, pegando su frente a la de ella mientras cerraba los ojos. — no me quiero ir…


—Cuándo volvés?


—Me tengo que quedar 15 días, capaz más….


—Mmm…Ken…te voy a extrañar… —le dijo cerrando los ojos.


—Yo más — le contestó mientras la besaba. — Y vení conmigo, entonces…


—Qué?


—Que viajes conmigo… —le dijo él, apoyándose en un codo.


Ella abrió los ojos, y se olvidó de respirar por un momento.
Cuando pudo, respondió.


—No puedo. Tengo exámenes…


Pedro la abrazó con más fuerza, haciendo un sonido ronco con la garganta.


—Bueno Barbie, entonces prepárate, porque ahora… te voy a mostrar lo mucho….—la apretó más contra el colchón. — muuuuucho que te voy a extrañar.


—Pensé que estabas cansado — le dijo ella, haciendo la cabeza hacia atrás, mientras sentía que él se abría paso entre sus piernas.


—Mmm….para algunas cosas, nunca Barbie. Nunca.


Y esa noche hicieron el amor, como si fuera la ultima vez. 


Deteniéndose en cada detalle, en cada caricia, en cada gesto. Besándose. Adorándose. Amándose.


Al otro día, Paula se levantó temprano, y preparó el desayuno. 


Quería sorprenderlo.


Miró el reloj, y estaba llegando tarde a la facultad.


Bueno, podía faltar un día. De todas formas, no se perdería de mucho. Solo eran clases repaso para los parciales. Y ahora, ella no podía concentrarse en otra cosa que no fuera su novio.


Fue a la habitación, donde Pedro todavía dormía.


Estaba estirado con la espalda apoyada a la cama, la cabeza hacia un costado, tapado con la sábana hasta la cadera. Aunque con una pierna afuera. Sonrió.


Haciendo el menor ruido posible, se sentó a su lado y dejó la bandeja en la mesa de luz.


Empezó a acariciar su rostro, acercándose, para después darle besos.


El se movió apenas, sonriendo y buscándola con el brazo para abrazarla.


—Buen día, Ken.


—Mmm…Barbie, pensé que te habías ido — dijo sonriendo mientras abría los ojos con dificultad.


Ella negó con la cabeza y buscó sus labios para besarlo. El, respondió el beso, mientras la atraía a la cama y la acostaba a su lado.


—Te hice el desayuno —


—Qué hora es?


—Las 9.


El abrió los ojos de golpe y la miró.


—No vas a clases, hoy? — le preguntó


—No, hoy no. — y eso fue lo único que pudo decir.


Pedro empezó a besarla, ahora en serio. Dejándola sin aliento. Le sacó la remera que se había puesto para dormir, y sus manos empezaron a buscar su propia ropa interior para sacársela también.


No paraba de besarla, devorando sus labios, mordiéndolos. 


Mientras llevaba una mano a su entrepierna, tocándola, acariciándola.


Paula gimió, y cerró los ojos.


El la dio vuelta, dejándola por encima, mientras le pasaba las manos por la espalda.


—Hola hermosa. — le dijo cuando ella se sentó por arriba de él, y lo miró


—Hola, hermoso. — le dijo ella, y se movió de forma que despacio. Muy despacio, comenzó a entrar en ella.


El hizo la cabeza para atrás, con un gemido profundo.


Ella, lo miró, desarmada, excitada por todo lo que le hacía sentir. Por todo lo que le provocaba.


Movía sus caderas, acelerando, después más lento, tentándolo, haciéndolo jadear, haciendo que le pida más y más.


Ella tenía el control, y se sentía una diosa. El la hacía sentir así.


Sin poder aguantar, empezó a aumentar el ritmo, cerrando los ojos, llevando la cabeza hacia atrás también.


El, se sostenía de sus caderas, mientras todo su cuerpo empezaba a tensarse.


Paula gimió, mientras se dejaba ir, apretándose más al cuerpo de Pedro, mientras todo su cuerpo latía.


El la siguió, apenas un momento después, soltando todo el aire entre los dientes.


Ella quedó acostada sobre su pecho, a la vez que se relajaban, y él le acariciaba el pelo.


—Una novia que sabe hacer todo eso, y encima me trae el desayuno… —le dijo al oído.


—No te acostumbres, Ken…—le dijo sonriendo traviesa.


—Tenía planes para hoy, Barbie. Y ya que no vas a ir a clases, podríamos salir más temprano. A que hora tenés que estar en el trabajo?


—A las 9:30.


—Tan tarde te hace ir tu jefe? — preguntó frunciendo el seño.


—Los viernes nada más. — dijo ella pensativa.


—Ahora que sos parte del staff eso debería haber cambiado. Ya voy a hablar con él.


—No. No hables. A mí no me molesta. Pedro, hace muy poco que estoy en la productora, y no me quiero tomar más libertades. Ya demasiado con… —él la interrumpió.


—Estás donde tenés que estar. Ahora vamos a desayunemos, así nos bañamos. Que se nos hace tarde — dijo saltando de la cama, emocionado.


Paula lo miraba sonriendo. Había un cambio en su actitud con respecto a la de la noche anterior, cuando antes de la fiesta, lo había visto tan nervioso. Se preguntó a que se debía.


Cuando estuvieron listos, Pedro, buscó su auto y se condujeron directo al puerto.


El día estaba soleado, y ventoso. Como era viernes, había mucha gente paseando, y comiendo afuera en los restaurantes.


El no había querido decirle a donde iban, era una sorpresa.


Aunque, cuanto más se acercaban, bordeando el puerto a Paula, empezó a retorcérsele el estómago.


Empezaba a imaginar hacia donde se conducían.


Pero cuando Pedro finalmente lo dijo, ella sintió un frío en todo el cuerpo.


—Vamos a navegar hasta la Isla el Descanso. — le sonrió él, con los ojos brillantes.


Oh Dios. Ella no podía decepcionarlo. Estaba ilusionado. 


Nunca lo había visto así.


Había querido hacer algo lindo, romántico por ella. 


Realmente se estaba esforzando.


No tenía el valor de decirle que odiaba navegar. La ponía tan enferma, que ningún medicamento para los mareos, podían evitar que la pasara mal.


Se acercaron, tomados de la mano a un grupo de personas que estaba esperando para subirse, a lo que parecía una lancha. Era enorme, y ancha. Tenía algo escrito en los costados, pero no había podido leerlo, porque se mecía de una forma, que empezaba a cruzarle los ojos.


Tomó aire con fuerza, y pensó en cosas más bellas. Como era el hecho de que Pedro, la tenía sujeta en un abrazo desde su cintura, pegándose a su espalda, y diciéndole cosas dulces al oído.


Ella podía hacer eso.


Claro que podía.


Iba a subirse a un barco.


Apenas sus pies estuvieron a bordo del barco, fue otra cosa.


Sentía su cabeza liviana, como si fuera un globo, que flotaba a la deriva. Tenía toda la frente cubierta por una capa de sudor frío. Oh mierda.


Pedro la dio vuelta, y mirándola a los ojos, para decirle algo.


Cuando su expresión cambió. De sonrisa, a preocupación.


—Estás bien, Barbie?


—Perfecta. — dijo ella apretando los dientes.


—Estás muy pálida. Te hace mal el barco?


—No, no. Ya se me pasa. No te hagas drama. Mejor nos sentemos. — dijo disimulando, mientras buscaba una superficie sólida para dejarse caer.



****


Pedro, no le había creído. Estaba blanca como un papel, y había empezado a sudar.


Se sentaron, pero él, la seguía atento con la mirada.


No se le ocurrió preguntarle antes, porque quería sorprenderla. Pero ahora se daba cuenta de que había sido un error. Se la veía a punto de enfermarse.







CAPITULO 30





A las 10 de la noche, Pedro todavía no salía de su estudio, así que fue a golpearle la puerta para avisarle que la comida ya estaba lista.


Dio dos golpes, y él mismo le abrió. Estaba al teléfono.


—Y está todo listo para Londres?


Silencio.


—Este miércoles, hago la presentación de la campaña para los proveedores, en mi casa. Y va a ser un evento importante…


—Si, la presentación en Londres también es importante…


—Ok. Mañana te llamo por los detalles. Chau


Cortó.


Paula lo miraba, esperando una respuesta, pero él se acercó, la atrajo de golpe, y la besó en los labios.


Puso sus manos en su cintura, y empezó a moverlas en dirección a su trasero.


—Mmm… se enfría la cena — le dijo ella, como pudo.


—Te salvás porque tengo hambre, Barbie — le dijo — Pero todavía tenemos toda la noche.


Para la satisfacción de Paula, la comida estaba riquísima.


Se había reído cuando Pedro repetía plato.


—No Barbie, me vas a destruir la carrera. —dijo llevándose una mano a la panza —No puedo engordar, tengo la agenda complicada por 6 meses. Ni 100 gramos.


—Me alegra que te haya gustado — le dijo sonriendo sin poder disimular la felicidad.


El, se levantó, y la abrazó.


Cualquiera que hubiera visto el cuadro desde afuera, hubiera dado por sentado que eran una pareja de enamorados.


Paula lo sujetó con fuerza, mientras le besaba el cuello.


—Igual, ahora pienso hacerte responsable de que me hagas quemar un par de calorías.


Paula rió a carcajadas, pegándole un codazo suave, en forma de broma.


—No seas mal pensada, Barbie. — le dijo y se acercó al equipo de música del comedor.


Cuando empezó a sonar, Paula lo miró con una sonrisa.


—Mi radio favorita Ken. Siempre pasan clásicos de los 80 y 90.


—Si, la programé porque se que te gusta, vení a bailar, Barbie.


—Sos muy dulce cuando querés. — le dijo ella, mientras le agarraba las manos que le tendía para bailar.


El solamente sonrió. La agarró por la cintura, y se empezaron a mover. Sonaba Linger, de The Cranberries.


Como ya era una costumbre, cerraron los ojos, dejándose llevar por la canción.


El, que la sostenía, había empezado a tararear el tema.


Paula sonrió, se sabía la letra de la canción. Soltó una risita, y lo siguió.



But i'm in so deep
you know i'm such a fool for you
you've got me wrapped around your finger…
(Pero estoy tan metido
Sabes que estoy loco por ti?
Me tienes envuelto alrededor de tus dedos…)
Do you have to let it Linger?


Casi sin darse cuenta, llevó su boca a la de él, y comenzó a besarlo.


El no tardó en responderle. Sus manos viajando por todo su cuerpo. Ella sentía que se derretía. Sus besos eran apasionados, pero sumamente suaves. Le transmitían una ternura absoluta.


Le sacó el vestido, con delicadeza, mientras se desprendía la camisa.


Ella, se dejó mimar. Con los ojos cerrados, todavía hipnotizada por la canción.

El la seguía acariciando.


Muy despacio, fue sacándole la ropa interior, y lo que quedaba de su ropa, mientras repartía besos en su cuello, la mandíbula y las orejas.


Con un ronroneo, le dijo.


—Así me gusta bailar, Barbie


—Si, pero llamaríamos la atención en las fiestas, Ken.


Pedro se rió, mientras seguía acariciando su espalda.


Estaban totalmente desnudos, bailando.


Paula, de solo sentir como el cuerpo de Pedro se movía tan cerca del suyo, piel con piel, se quemaba.


Llevó sus manos a los brazos de él, después subiendo por sus hombros, al cuello, rosando su estrella, bajando, recorriéndole toda la espalda.


Pedro suspiraba de placer, mientras la agarraba por la cintura, subiendo por la curva de sus pechos.


Más arriba, tomándolos, acariciándolos con suavidad, su pecho, su cuello.


Le sostuvo todo su pelo con una mano, y liberándole el cuello, se lo besó. Primero rosándola con los labios, suave, casi de manera imperceptible, y luego con la lengua.


Soplando por donde ahora estaba húmedo.


Paula gimió y se sujetó con más fuerza a Pedro.


No podía resistirlo más. Bajó sus manos, por el abdomen de él. El sonrió, y tomándole las manos, la alzó despacio y la recostó sobre la alfombra.


Siguió torturándola con sus besos, que ahora iban camino al sur desde su cuello, hacia su ombligo, de su ombligo a su… entrepierna. Ohh… por favor — pensó ella.


El se detuvo, para moverse más lento aun. Esa noche no tenía ninguna prisa. Se iba dedicar a darle placer.


Y eso fue exactamente lo que hizo.


Paula se retorcía, arqueando la espalda, sujetando a Pedro por la cabeza, incitándolo a mover más y más su boca.


Y se dejó ir, entre gritos incoherentes.


Sintió como él, con cuidado, se subía encima de ella, y tras murmurarle al oído:
—Hermosa, mi hermosa Barbie…


Se hundió en ella.


Se quedó quieto, esperando que ella lo mirara.


Y solo entonces, comenzó a moverse. Siempre mirando a sus ojos. Sin romper ese contacto.


Ella, entre jadeos, empezaba a moverse también. Era perfecto. Se sentía tan bien. Se complementaban. Era de esa forma, que el mundo desaparecía. Los problemas, los miedos, las inseguridades. Pedro se las borraba a todas.


Su corazón iba a mil.


Estaba cerca.


El, también.


Aceleraron los movimientos, y se vinieron juntos, atrapados en la mirada del otro. Siendo parte del otro.


Y entonces, las palabras se precipitaron impulsivamente por la boca de Pau. Sin pensarlo. Ahí estaban.


—Te amo, Pedro.


El mundo entero se congeló. Dejaron de girar las agujas del reloj.



****


Pedro, se había quedado mirando a los ojos de Paula por medio segundo más, para después cerrarlos y mirar a otro lado.


Se giró sobre su cuerpo, quedando acostado sobre su espalda, al lado de Paula.


El momento se había roto en mil pedazos.


Ella estaba demasiado asustada para mirarlo.


El tiempo seguía pasando.


Ningúno abría la boca.


A Paula le estaban picando los ojos, en cualquier momento se pondría a llorar. Lo sentía a 10 mil kilómetros. Como había sido tan estúpida de decirle eso? Como había podido arruinarlo todo?


El, se había quedado quieto. No movía ni un músculo. Paula pensó, que tranquilamente, se podría haber congelado, petrificado, o probablemente, se había quedado duro de un infarto. Muy a su pesar, se le escapó una risa.


Se tapó la boca. No era el momento de reírse.


Pero no pudo, y se volvió a reír.


Apretaba los labios, pero era inútil. Estaba tan tentada, por lo estúpida y patética de la situación.


En serio, de lo mas trillada.


Ya no podía parar.


Pedro, la miró de reojo como si se le hubiera salido el último tornillo que le quedaba.


Esta chica, que ahora tenía los ojos enrojecidos, de llorar, pero de las risotadas. Se sentó a su lado.


Lo miró.


—No digas nada, Pedro. Me voy a dormir —le dijo tratando de componerse y ofreciéndole una sonrisa antes de irse a la habitación.


Se dijo que no tenía sentido quedarse en ese lugar. 


Agobiarlo con su presencia, sería una presión que no quería ejercerle. Después de todo quedaba bastante claro que él no sentía lo mismo.


Había sido un error decirlo. El estaba haciendo un esfuerzo por ella. Intentando algo distinto. Y ella le largaba semejante bomba?


Le hubiera pedido disculpas, pero no podía hablar. Estaba demasiado afectada.


Nada que hubiera dicho podía mejorar la situación. Menos después de reírse como una desquiciada.


De tanto pensar se quedó profundamente dormida.


Cuando despertó, sintió que no podía moverse. Pedro estaba abrazándola. Seguramente, en medio de la noche había ido a acostarse con ella.


Ella pasó su mano por el pelo, acariciándolo, y le dio un beso en la frente.


Se levantó sin hacer ruido, y tras vestirse, se fue.



****


Cuando Pedro se despertó, estaba solo en la cama.


Esa noche, después de escuchar a Paula, su mundo se había desmoronado.


Después de tratar de poner sus ideas en orden, lo único que parecía ser verdad, era que necesitaba estar cerca de ella. Y se acostó a su lado, mientras olía su pelo, y se dormía abrazado.


Ahora, la había buscado por todas partes, pero no estaba. 


Solamente una nota.


Me voy a la universidad. Dejé la cafetera con café.
P


Tomó su móvil, para escribirle. Pero ninguna palabra le vino a la mente, así que lo dejó.



****


Paula volvió a su casa tarde. Había tenido que hacer unos trabajos. En el correo, estaba la invitación al evento de Pedro el miércoles. Aun iría?


También había una carta de David. La rompió, sin siquiera leerla.


Ese día fue tan tremendo como se lo temía. Pedro no había tratado de verla, ni de comunicarse con ella.


El martes, fue igual.


Con la diferencia que, por lo menos, ese día tuvo la compañía de su amigo Marcos. Que al escucharla triste al teléfono, había ido a visitarla con media docena de facturas y masitas.


Cada vez que le contaba a sus amigos lo que había pasado, todos tenían la misma reacción. Abrían los ojos, y se tapaban la cara después de regañarla.


Cuando amaneció el miércoles, estaba algo aliviada. Ese día no iba a tener que pensar tanto en el asunto. Después de la universidad tenía que estudiar, y más tarde, el trabajo.


Era mejor que estar en su casa, con la cabeza metida en el pote de helados, escuchando música de los 80 que había escuchado con él.


Pero estaba equivocada.


Apenas entró en la productora se topó de frente, con, nada más y nada menos, Pedro.


Lo saludó sin querer mirarlo a los ojos, haciendo de cuenta que estaba super ocupada.


Aprovechó que su jefe estaba hablando con el, y lo entretenía, así podía marcharse de ahí.


Pasaron las horas, y ya no sabía que hacer. Había terminado de hacer todos los storyboards para su primera producción, y aun le quedaban 15 largos y tortuosos minutos para marcharse.


Estaría todavía con Eduardo?


Lo dudaba, después de todo, hoy tenía un evento.


Cuando por fin se hizo la hora, tomó sus cosas y como una bala pasó, sin saludar a nadie, hacia fuera de la productora.


—Ey… —escuchó a sus espaldas


Mierda. Pedro. Pensó.


Se dio vuelta, y lo enfrentó. El, estaba apoyado en su auto, pero cuando ella lo miró, se acercó.


—Ey. Cómo estás? — le dijo ella, aparentando despreocupación. Y fallando, horrorosamente.


—Mal. Pau, perdón por no llamar… necesitaba… tiempo.


—No te hagas drama. Me equivoqué. Me desubiqué. Te quería pedir disculpas.


—Te equivocaste en …decírmelo o es que no es lo que…? — pero Paula lo interrumpió.


—Lo dejemos así, Pedro. Nunca pasó.


—Ok — dijo él confundido. — Te acerco a tu casa o te paso a buscar cuando estés para ir a la fiesta?


—A tu fiesta? No iba a ir…—dijo dudando.


El bajó la mirada, con pesar.


—No querés seguir viéndome, Paula? Es eso?


—Qué? No! En realidad no sabía si vos todavía querías que fuera… —le dijo


El le sonrió, ahora más confiado, pero con la mirada triste todavía. La tomó por el rostro y se acercó a ella. Buscó en sus ojos aprobación, y solo después de eso, la besó.


Y ahí estaba de nuevo, metida en ese subibaja de emociones que era estar con Pedro.


Después de dos días, sus labios se encontraban, se reconocían, se demostraban lo mucho que se necesitaban.


—Llevame a casa. Estoy lista en 10 minutos — le dijo con una sonrisa pícara.


Y así fue.


En 10 minutos, se había cambiado el jean y la remera, por un vestido azul marino largo, con espalda descubierta y drapeado al frente que insinuaba sus curvas. Se había subido a unos tacos altísimos, y se había recogido el pelo, de forma desprolija y sexy.


Tenía que aceptarlo, tener una amiga modelo, tenía sus beneficios.


El maquillaje, lo había dejado simple. Los ojos con un leve ahumado en grises y negros que hacían sobresalir su color natural azul, un poco de rubor, y los labios nude.


Pedro se había quedado con la boca abierta.


—Barbie, serías re buena modelo. No tardaste nada en producirte…y mirá lo que sos… —le dijo haciéndola dar la vuelta.


Ella sonrió.


Pedro llevaba con él, un traje que se cambió rápido.


Era la primera vez que lo veía vestirse de gala y si no hubieran estado llegando casi tarde, se le abalanzaba hasta arrancarle ese hermoso saco, esa elegante camisa blanca…y ese moñito…que hacía que se le acelerara la respiración.


Se subieron al auto y llegaron a la casa de Pedro en tiempo record.


No habían hablado de las palabras de Paula, y el silencio entre ellos era inmenso. Sería por eso que él estaba tan nervioso?


Se acomodaba las mangas de la camisa, se retocaba el moño, se pasaba las manos por el cabello.


No se estaba quieto.


Por un momento, se odió por provocarle esa sensación angustiosa. Por qué le había tenido que decirle que lo amaba? Cuánto hacía que se conocían? 


Mierda.


Apenas llegaron, él la tomó por la cintura y la condujo al salón en donde estaban los recién llegado invitados.


Estaba decorado de manera lujosa, en colores claros, mozos y catering por donde se mirara.


Había una pequeña orquesta en un costado que estaba tocando música en vivo.


Parecía una película.


Se sirvieron unas copas, y pasearon por ahí, reconociendo y saludando a algunas de sus amigas modelos.


Y la vió. Despampanante como siempre. Rebeca.


Había visto a Pedro, y se acercaba moviendo la mano en señal de saludo.


—Hi, sweety! — le dijo cariñosamente, rodeándolo por el cuello. Ignorando a Paula por completo.


—Hi, princess. — le contestó él.


Paula de a poco se soltó del modelito, y dejándolos solos, sin que se dieran cuenta de su ausencia, caminó entre la gente. Cada tanto se daba vuelta y miraba como esa top model preciosa, coqueteaba con él. Y él se lo permitía. O es que no se daba cuenta?


—Eu flaqui!!


—Flor!! Que suerte que te encuentro! Estaba sola…


—Estas hermosa!! Por qué sola?


Paula le señaló a Pedro.


—Mmm…esa no se le despega nunca. Una pesada la inglesa.


Y ahí se quedaron las dos, destrozando a la modelo rubia, mientras esta no se daba cuenta, ni escuchaba, pero se abrazaba a Pedro con descaro.


—Epa rubia…mmm… esa espalda…-


—Mar!!! — Vale se abrazó a su amigo.


—Vine con Flor, me obligó a ponerme traje, dice que vos estabas triste todavía, y te veníamos a hacer apoyo moral. Igual, me quedo un ratito porque mañana entreno.


Ella miró como los modelitos se sonreían y decían cosas al oído.


—Bueno, el traje te queda divino, morocho. Un bombón… —le dijo ella sonriendo


—Vamos a bailar, rubia. Sabes bailar Frank Sinatra? Ya si sabes eso, me retiro…te bailás todo…


—Si. Y me gusta, de hecho.


Los dos, empezaron a bailar, Fly me to the moon, entre risas y bromas. Paula no solo sabía bailarlo, era muy buena.


Cuando el tema terminó, ella sintió que una mano la tomaba del brazo.