miércoles, 9 de diciembre de 2015

CAPITULO 68





Al otro día, se levantó confundida.


Sus ojos estaban hinchados, y estaba sola en la cama.


Se sentía un poco mejor que la noche anterior, ya no sentía ganas de llorar. Iba a extrañar a su amigo, pero con la luz de
un nuevo día, sus problemas no parecían tan terribles. Pedro se había quedado cuidándola, y estaba profundamente agradecida.


Tanto, que quería darle un beso en ese preciso momento. 


Pero no estaba tampoco en el baño.


Entonces escuchó la puerta de la habitación.


El entraba con una bandeja, repleta de cosas de desayuno. 


Suspiró al oler el café.— Oh, Ken. – le dijo llevándose una
mano al pecho. Era un amor. No había otra forma de decirlo.


—Buen día, hermosa. – le dijo él con una sonrisa tímida, inseguro del humor de ella esta mañana.


—Te comería a besos. – le dijo sonriendo.


—No te voy a frenar. – le dijo él acercándose.


Ella se rió y lo besó.


Desayunaron en cama, mientras se daban algún que otro beso. Era tan romántico, que le costaba entender por
que no había tenido más novias.


Cualquiera a quien le brindara estas atenciones, non tendría más remedio que enamorarse perdidamente de él.


—Te tengo que decir algo. – le dijo ella buscándole la mirada.


—Decime.


—Anoche con Marcos, fuimos a tomar unas copas, y él estaba muy emotivo por la despedida, yo también en realidad. Y…me …besó. – dijo lo último muy bajito.


Necesitaba decírselo. No quería que hubiera mentiras entre ellos, ni quería ocultarle nada.


—Qué?! – dijo él, furioso.


—Lo frené, me pidió disculpas.


—Yo sabía que iba a intentar algo. – dijo mirando para otro lado.


—No, Ken. Se dejó llevar. Pero te puedo asegurar que estaba arrepentido, y me pidió perdón después.


—Yo pensaba disculparme con él, por la trompada que le pegué ese día a la salida de la productora…


—Las trompadas. – interrumpió ella.


—Lo que sea. Pensaba hacerlo, pero ahora no. Ya estamos a mano. Si lo tuviera cerca ahora, le pegaría otras más. – estaba furioso.


—Te conté porque no quiero que haya este tipo de secretos entre nosotros, no para que te pongas así.


—Le devolviste el beso? – le contestó esta vez sin enojo, más bien tristeza.


—Qué? No! Acepté su disculpa, y no pasó nada más.


El asintió y tomó aire, tratando de volver a la normalidad. 


Estaba furioso de celos, pero se lo aguantó. Esa historia había quedado en el pasado.


Los días pasaron, y era hora de regresar. Pedro había cumplido con todas sus obligaciones laborales en Londres, y era momento de volver a casa. Aterrizaron sin problemas, aunque les llamó la atención que el aeropuerto estuviera un tanto alborotado.


Apenas salieron por el pasillo de arribos, fueron atacados por un centenar de periodistas y fotógrafos.


Ya se había olvidado lo que se sentía ser acosada por los flashes de los paparazis. Tomó aire y caminó con la mirada baja, mientras Pedro, la agarraba por los hombros y la conducía hacia delante.


Pudo escuchar perfectamente lo que decían.


—Hace cuánto que estas saliendo con Pedro? Y tu relación con García?


—Pedro, estas saliendo con la ex de Marcos García? Por qué terminó tu relación con Rebeca?


—Nunca tuve una relación con Rebeca. – aclaró él.


—Y ahora si estas en una relación? – insistió la notera.


El miró a donde estaban todos y le contestó a quienes preguntaban.


—Si. No vamos a hacer más comentarios. Gracias.


Y ayudando a Paula, se subieron en un taxi apurados, esquivando gente.


—Barbie, me parece que es mejor que por ahora te quedes en mi casa. Hay seguridad las 24 hs, no nos van a molestar.


—Seguro que no es problema? – contestó ella dudando.


—Problema? – se rió. —Por mi, te quedas a vivir conmigo para siempre. – le dijo él besando sus labios.


La había dejado sin palabras. Y no era la primera vez.


Quedarse a vivir con él? Era muy pronto. Lo era? Su historia con Pedro había ido muy rápido. Apenas hacía meses que se conocían, pero había sido todo tan intenso, que no era posible medir lo que ellos tenían, en tiempo.


La cabeza le daba vueltas.


El taxi los dejó en el edificio de Pedro. Estaba tan concurrido como el aeropuerto.


El, había llamado dos cuadras antes para avisar a la gente del lugar, para que los hicieran entrar por la cochera de abajo. Así evitarían tener que enfrentar nuevamente las fotos.


Era una locura. Ella nunca se hubiera imaginado que iban a seguir persiguiéndola, aun después de que Marcos se fuera. 


Se le había pasado por alto que su modelito, también era
famoso. Internacionalmente. Y al parecer, ahora ella también lo era.


Entraron al departamento, y se acomodaron en el sillón. 


Estaban agotados.



****


—Te voy a dejar lugar en el guardarropas, y en el gabinete del baño, Barbie. – le dijo cuando se levantó, después de darle un beso.


—Ok. Qué querés comer? – le preguntó.


El sonrió. Como no había avisado que volvía, Gerard no estaba. Y aunque el freezer estaba hasta arriba de comida
congelada, la idea de que Paula le cocinara, lo hacía sonreír. 


Se podía ver con ella ahí, pasando más tiempo. Pensó en lo que le había dicho antes en el taxi…


—Ehm…no se muy bien que comida fresca hay para cocinar. – le dijo dudando.


—Si no hay, compro. No hay problema.


—Podemos mandar a alguien, no me gustaría que salgas con toda esa gente afuera.



****


Uf. Los fotógrafos, pensó. Una tarea tan cotidiana como ir de compras, ahora quedaba prohibida. Iban a tener que pensar en alguna solución. No podían quedarse encerrados ahí para siempre.


Tenía que ir a trabajar, tenía que ir a la universidad.


El la miró, y acercándose un poco al ver que ponía cara de preocupada, le dijo. —En un rato voy a llamar a mi abogado, y vamos a arreglar esto Barbie. – y la besó.


—Es mi culpa. – dijo angustiada.


—No, no es tu culpa. Vos tenés todo el derecho de ser amiga, o de salir con quien quieras.


Paula asintió, y se fue a la cocina.


No estaba llena de productos, pero algo había. Vio que había tapas de tarta, y algunas verduras, y era suficiente.


Se puso a cocinar.









martes, 8 de diciembre de 2015

CAPITULO 67





Paula fue al hotel, a la hora puntual en la que habían quedado. Marcos, ya estaba sentado esperándola.


La vio llegar y se paró para darle un abrazo. Sus ojos ya empezaban a picar.


Habían elegido una mesa que estaba algo alejada, y decidieron tomar la merienda.


Era un poco temprano, pero les dio igual.


El le contaba como le estaba yendo hasta ese momento con el pase, y se lo veía tan emocionado e ilusionado, que hacía que no se sintiera tan terrible con la idea de su amigo viviendo en otro país.— Me alegro por vos, Mar. – le dijo
tomándole una mano.


El se la apretó y se la besó.


—Vos como estás? – le preguntó él.


—Bien. – respondió, sin querer darle muchos detalles.


—Se te ve bien.


Sonrieron.


Cuando quisieron darse cuenta, era tarde, y cenaron en el mismo bar.


Todavía no se querían ir a dormir, así que decidieron ir a tomar unas copas por ahí.


Ella llamó a Pedro, para avisarle que regresaría tarde para no preocuparlo, y él había hecho todo un esfuerzo por sonar normal con la idea de que su novia se iba de copas con su
amigo. Quien estaba enamorado de ella.


El bar estaba lleno de gente. Todos amontonados, bailando, o simplemente gritando, era una locura.


Se dio cuenta de que no había salido a conocer la noche londinense, y como así fue que conoció a su amigo, de
fiesta, le parecía una muy buena manera de despedirse.


Habían hecho unas rondas de shots de tequila, y ahora estaban disfrutando de unas cervezas.


Para seguir con sus costumbres, se pusieron a bailar.


Esta, tal vez, sería la última vez en mucho tiempo que lo hacían, así que lo disfrutó.


Como en otras épocas, cerró los ojos, y se dejó llevar.
Marcos la estaba sujetando de la cintura. Estaba un poco borracho, ella había notado como se empezaba a
tambalear en su agarre.


—No puedo dejar de pensar en vos, rubia… – le dijo besando su cuello. — No se como voy a hacer para estar tan lejos.


Ella empezó a apartarlo, pero él tenía más fuerza.


—Esperá Mar. – le dijo.


Lo miró a los ojos. Nunca había visto lo que en ese momento vio. Dolor.


Algo se rompió dentro de Paula. No soportaba causarle angustia a una de las personas que más quería en el mundo.


Y entonces todo sucedió tan rápido que no se dio cuenta, ni pudo frenarlo.


Marcos la tomó por el rostro y la besó. Ella estaba tan sorprendida que al principio se dejó.


Lo apartó apenas con los brazos, y él entendiendo, la soltó. 


Asintió con los ojos cerrados.


—Soy un desubicado, perdón. – dijo ahora tapándose la cara.


—Esta bien, Mar. No pasó nada. – le dijo ella sacándole importancia. No quería lastimarlo más.


—Prometeme, que si las cosas con Pedro no funcionan, vas a decirme. Si me tengo que volver de Italia, porque vos no te querés ir, yo voy.


—Mar… – los ojos se le llenaron de lágrimas.


—Prometeme.


—Te lo prometo. – le dijo sollozando.


Sin decir nada más se abrazaron.


Pasaron horas así. Dejando salir todo.


Quería a su amigo. No, no solo eso. Lo amaba. Con todo su corazón. Pero no estaba enamorada de él.


La acompañó en un taxi hasta la casa de Pedro, pero no se bajó. Era entendible.


—Rubia, sos lo más lindo que me pasó. Quiero que te cuides, y que seas feliz.


— Te quiero tanto morocho…ojalá que encuentres todo lo que buscas en Italia. Te voy a extrañar.


Se abrazaron.


—Te amo, Paula. – le dijo. Estuvo a punto de decirle que ella también, aunque no significara lo mismo. Pero él le tapó la boca y negó con la cabeza.


Se despidieron entre lágrimas y promesas de mantenerse en contacto siempre que pudieran, y aunque no pudieran también.



****


Pedro estaba acostado, pero no podía dormirse. Su mente estaba con Paula.


Que estarían haciendo? Miró el reloj, era tarde.


Escuchó que un auto se frenaba en la puerta. Un taxi. Se acercó a la ventana sin abrir las cortinas para que no lo
vieran.


Paula estaba abrazada a Marcos en el interior del vehículo. 


Estaba llorando.


Se bajó un rato después, despidiéndose con la mano.


Marcos se fue.


Ella se había quedado en las escaleritas de abajo, sentada, con la cara entre las manos. Estaría llorando todavía.


Los minutos pasaban. El no quería interrumpirla, pero tampoco podía verla así y no ir a consolarla. Se le partía el
corazón. Se vistió y salió a su encuentro.



****


No podía dejar de llorar. Su cuerpo se sacudía, y las lágrimas bañaban su rostro.


Sintió un ruido a su espalda y levantó la vista. Pedro estaba parado, y la envolvía con una manta por los hombros.


Sin decir nada, se sentó a su lado, abrazándola, mientras ella se dejaba ir.


En sus brazos se desahogó. No era justo para él, pero de todas formas se abrigó en su abrazo.


Cuando dejó de llorar, estaba tan cansada que los ojos se le cerraban. El la alzó y la llevó a la cama. Se acostó a su lado, sujetándola y se durmieron.


Cualquier otro hombre, se hubiera puesto celoso, o le hubiera reprochado lo destruida que estaba porque otro se
marchaba. Pero él no dijo nada. La dejó lamentarse en silencio. Sin reclamos, sin caras raras, sin distanciarse. Fue su hombro.


A media noche se había despertado,y él estaba ahí, a su lado, acariciando su pelo, hasta que dejara de llorar y se durmiera de nuevo.