domingo, 8 de noviembre de 2015

CAPITULO 10




Comieron una parrillada completa, que era el orgullo del lugar. Y la verdad, es que estaba deliciosa.


A todos parecía caerles muy bien Marcos.Paula, que ya lo conocía, estaba encantada.


En la mesa de al lado se habían juntado un par de hombres que miraban a la de ellos y señalaban.


Lo primero que pensó, fue que eran conocidos de alguien, así que miró y sonrío como era su costumbre.


Los hombres de la otra mesa, la saludaron con la mano, y aprovechando ese contacto, uno, se levantó y le fue a hablar.


La saludó y le pidió permiso para acercarse. Todos miraban con curiosidad al chico.


—Disculpen que moleste. Vos sos García? El delantero de Newells?


Todos miraron a Marcos. Y todos, significaba todo el restaurante. Estas cosas no sucedían en Buenos Aires, porque hasta ahora siempre habían ido a lugares donde ver un famoso era moneda corriente.


—Si amigo. Cómo te va?


—Bien, che te molesta una foto con los pibes?


—Para nada.


Paula muerta de risa de como Marcos, se había puesto rojo como un tomate se ofreció:
—Yo les saco!


Y agarró la cámara que le ofrecía el chico. Era una cámara compacta, así que lo único que tenía que hacer era apretar el botón, pero de todas formas, se esmeró en que el plano saliera bien.


Una vez que los de la foto se fueron, todos empezaron a reírse a carcajadas. Ya que estaban ahí, se sacaron ellos varias y Marcos se tuvo que sacar otras tantas con gente del lugar.


Más tarde, la familia de Paula se fue, y ellos se quedaron charlando y haciendo previa para salir.


El boliche al que fueron, era grande y tenía un restó adelante. Estaba decorado con sillones rojos de cuero y paredes con detalles dorados.


El DJ era conocido, así que Marcos tuvo que aceptar, que el lugar al que su amiga lo había llevado, tenía onda.


Tomaron unos tragos en el patio, mientras charlaban, y aunque era pleno febrero, en Córdoba, la temperatura de esa zona, bajaba bastante, así que Paula lo llevo adentro porque ya le estaba haciendo frío.


Empezaron a bailar como a ellos más le gustaba. Estaban, a esta altura, tan acostumbrados a bailar entre ellos, que les parecía totalmente natural.


Marcos, la tenía agarrada de la cintura como siempre y ella lo abrazaba por un hombro mientras con la otra mano sostenía su trago. Pudo darse cuenta como de a poco el alcohol la desinhibía y bailaba más libremente.


Marcos, también estaba empezando a “soltarse” y bailaban chocándose entre ellos, y riéndose y diciéndose pavadas al oído.


De la nada, apareció una chica que les dijo que pasaran al VIP y que lo que tomaran era gratis.


Otras de las atenciones de ser amiga de una celebrity, pensó Paula y entre risas cómplices, mientras se dirigían a la pista que quedaba detrás de los cordones rojos. Paula no podía caminar derecho, así que Marcos la tenía sujeta por la cintura, abrazándola desde atrás y guiándola.


—Dale rubia, la escalerita y estamos, guarda con la columna. — le decía al oído.


Pudo haber sido un efecto de lo que había tomado, pero justo cuando Marcos le hablaba, vió que alguien que estaba al frente de ella, la miraba.


David. 


No, no era el alcohol. Él estaba ahí. Había salido con unos amigos y ahora viéndola, parecía echar fuego por los ojos. La miró dos segundos y después llevó la mirada hacia las manos de Marcos ubicadas en la panza de Paula abrazándola, ella tenía una mano sujeta a ese agarre para reafirmarse.


Después lo miró a Marcos.


Casi pudo escuchar el click en sus pensamientos. Era el nuevo novio de Paula, y lo había traído a Córdoba.


—Hola, no? — le dijo David


—Hola, cómo estas? — dijo ella concentrada en pronunciar todas las letras de lo que decía.


—Presentáme a tu amigo. — dijo entre risas, seguramente, queriendo aparentar desinterés.


—Marcos, este es David.


Los dos asintieron saludándose, y a la vez, confirmando lo que pensaban. Ese era el nuevo novio, pensó David, y ese era el ex que había hecho sufrir a su amiga, pensó Marcos.


—Si, hablamos una vez por teléfono. — dijo Marcos levantando una ceja y haciendo mala cara.


David no dijo nada. Esa vez, lo había insultado por estar con Paula. Pero ningúno dijo una palabra más. Solo se miraron mal. Muy mal.


Sin dudarlo, Marcos la atrajo más contra su cuerpo y le dijo algo al oído:
—No le gusta nada verte con otro.


Esto hizo sonreír a Pau. Aunque no lo iba a admitir, le gustaba eso.


David, que no había escuchado lo que le había dicho, pero estaba concentrado en el lenguaje corporal de los dos que tenía adelante. Hizo cara de haber tragado algo con muy mal sabor.


No pudo soportar más, y se fue, despidiéndose rápido.


Marcos y Paula, se fueron al VIP a seguir bailando y tomando como si nada hubiera pasado.


Estaban los dos en su burbuja, disfrutando de la noche como ellos más sabían. Cerraban los ojos, se dejaban llevar, y no les importaba quien los mirara, o que pensara la gente.


Marcos le pasaba las manos por la espalda desnuda, y eso la hacia sentir increíblemente bien.


En medio de su viaje, se imaginó que el que le hacia eso, era su modelito. Eso le hizo sentir un cosquilleo por todas partes y mucho, pero mucho calor.


Después, Marcos, la dio vuelta y la sujetó de las caderas, como lo había hecho el modelito. Cerró los ojos y ahora se imaginó como sería que el estuviera ahí, mirándola bailar con Marcos.


Sus ojos azules, mirándola bailar, mirándola disfrutar, mirándola en brazos de otro chico. Le encantaba.


Cuando estaba empezando a salir el sol, decidieron que era hora de volver.


No tardaron en conseguir un taxi que los llevara. Y haciendo mucho silencio, entraron a la casa.


Ella tenía los zapatos en la mano, para no pisar fuerte con los tacos, pero de todas formas al querer hacer menos lío, mas lío hacían.


Los dos se reían en silencio, y así fueron llegando.


Paula estaba cansada y todo se le hacía confuso y borroso. 


Se sacó la remera sin pensarlo y se puso una remera de tirantes con la que dormía.


Cuando se dio vuelta, Marcos la miraba con los ojos abiertos de par en par. Eso provoco que se tentaran aun peor y no pudieran dejar de reírse.


Se terminaron de cambiar como pudieron, y se fueron a dormir. Paula dormía en la cama, y Marcos en el colchón el piso.


Era gracioso, pensó Paula. Nunca se había quedado a dormir ningún chico. Ni su ex.


Nunca le hubieran permitido dejar dormir en su cuarto a ningún novio. Pero eso no importaba. Con Marcos, no podía pasar nada. Podían dormir en una misma cama y no iba a pasar nada.


Como con el modelito, pensó amargamente. No tenía chances con él. Y eso le estaba empezando a cambiar el humor. No tenía sentido irse de Córdoba, superar a su ex si se iba a enganchar de nuevo y pasarla mal.


Se rió de lo ridícula que toda esta situación le sonaba. Ni lo conocía! Como diría Flor, NEXT!


Marcos recién acababa de apoyar la cabeza en la almohada, y ya estaba profundamente dormido.


Paula, no tenía esa suerte, la cabeza no paraba de darle vueltas en torno a David, y para su vergüenza, en torno al modelo de Buenos Aires.


Pensó como esa noche se había encontrado con su ex, como la había mirado…como lo había mirado a Marcos. Su cara se había puesto roja de la furia. Ella lo conocía. Sabía que estaba tratando de hacerse el indiferente, pero en el fondo, y a pesar de que probablemente nunca la quiso, tampoco la quería con nadie más. Así era él y su orgullo.


Pero las cosas, supuestamente entre ellos estaban bien, encaminadas para ser amigos. Ella nunca quiso pasarle por las narices una nueva relación. Cosa que, de hecho, no hizo. Marcos era solo un amigo. Pero de todas formas, sabía como la situación se veía para David.


Le gustaba que la celara, hasta cierto punto. No le gustaba lastimarlo. Le dolía su dolor.


Todavía lo quería, y sabía que siempre lo iba a querer.


Cuando por fin se pudo dormir, soñó con su ex. El estaba solo y tenía una tristeza que le partía el corazón. El la miraba y le sonreía, pero su cara cambiaba cuando veía que la acompañaba alguien.


No estaba enojado, ni molesto, estaba dolido. Ella tenía que ver que era lo que tanto dolor le causaba, y entonces cuando miró a su lado esperando ver a su amigo Marcos, ahí estaba el modelito.


Sonriente e impecable como siempre.


Pero cuando sus ojos se encontraron, él la miró de arriba abajo y se fue. Dejándola con su ex, tan triste como éste.



****


Se despertó angustiada y no le gustó. El soñar con David, siempre le dejaba esa sensación.


Se empezó a preparar, consciente de que era hora de volver a Buenos Aires. Se cambiaron rápidamente y desayunaron con la familia de Paula, mientras contaban como les había ido la noche anterior.


Decidieron pasar las últimas horas en Córdoba, tomando algo fresco en el parque. Hacía calor, pero había viento, así que se podían sentar cerca del lago a disfrutar del aire libre.


Paula, había llevado la cámara, y se divirtió sacando fotos con Marcos, de patos, gente haciendo deporte, perros de todo tipo. Era un día hermoso, perfecto para despejar la mente de problemas y preocupaciones.


Cuando fue la hora de irse, se detuvieron en despedidas, y promesas de comunicarse apenas llegaran. Paula, cargó su bolso y toda la comida que le había preparado su mamá para llevarse, en el auto de Marcos. Y se fueron.


La despedida de Córdoba, esta vez no había sido tan triste como su primera. Y pensó que tal vez, con el tiempo, dolería cada vez menos. Sobretodo, porque ahora tenía a donde ir. 


Un hogar, que cada vez se llenaba más de amigos, y lugares preciosos para conocer y lo que más le atraía, lejano a todo lo que otra vez dejaba atrás.


Cuando llegaron, era muy tarde, y Marcos estaba agotado para manejar así que se quedó a dormir en lo de Paula.


Al otro día, el despertador la despertó inusualmente temprano para su costumbre. Eran las 7 de la mañana.


Vió a su amigo, que estaba dormido y roncando, y le dieron ganas de volverse a acostar. Pero no.


Hoy era su primer día de clases.


Salió mas temprano, para ir paseando y aclarando la cabeza antes de entrar.


Los alrededores de la facultad eran tranquilos, cerca de la costanera, y verde por donde se mirara.


El edificio era de ladrillo visto, con letras en dorado en la fachada.


El interior, era todavía mas impresionante. Era un instituto privado, uno de los mas exclusivos de la zona. Sus padres habían ahorrado para que ella estuviera ahora ahí, y era todo lo que prometía ser, y más.


Se respiraba un ambiente relajado, creativo y activo. Los pasillos estaban llenos de gente joven, charlando por todos lados.


Sin molestarse en fingir que no era nueva, paseo por todos los espacios boquiabierta, buscando la oficina principal para ver a donde tenía que dirigirse. Su primera clase era taller fotográfico.


Se apuró a buscar el aula, y así comenzó su vida universitaria.


Para el mediodía, ya conocía a algunos de sus compañeros, todos muy agradables, y algunos profesores, algunos más agradables que otros.


En la clase de introducción, en seguida se dio cuenta de que su cámara no estaba del todo a la altura de las exigencias, y que ya en la lista de materiales que ponían, iba a tener que gastar más de mil pesos, esa misma primera semana de clases.


Hizo un cálculo mental, y esto le iba a significar un par de sacrificios a la hora de administrar los gastos. Después de todo, ¿Quién necesita cable? ¿Quién necesita…luz?…


Iba a tener que buscarse un trabajo. Cosa que había previsto hacer, pero a partir del segundo semestre, cuando estuviera más instalada.


Bueno, un pequeño cambio de planes, iba a tener que hacerlo antes. Pedirle a sus padres, quedaba descartado. 


Ellos ya habían hecho mucho. Además, si seguía por ese camino era probable que sus padres, la convencieran de que era demasiado costoso, y le convenía estudiar en Córdoba, donde por lo menos no iba a tener que pagar alquiler. Y ese si, que era un lujo que no se podía dar.


Ya no podía volver atrás.


Y así, se fue caminando hasta su departamento, un poco mas desanimada.


La esperaba Marcos, que al tener la semana libre, se había quedado y le estaba preparando la comida.


—Rubia, en 5 comemos.


—Ohh… gracias morochoo…que bueno que te quedaste.


Marcos, se dio cuenta al instante del ánimo de su amiga, e invitó a Flor y a su amiga Coty a comer, (así de paso la veía, también).


Ya entre risas y el pollo al horno con papas doradas, que había cocinado su amigo, Paula les contó como había sido su día y del problema que estaba teniendo de dinero.


Flor, sin dudarlo, tomó su celular y marcó un número. Les hizo señas a todos de que se iba a hablar dos minutos al balcón.


Al rato vino dando saltitos hasta la mesa.


—Ya tenés trabajo, Paula.


—Ah?? — se apuró a decir esta, y todos miraron a Flor, con cara de no entender nada.


—Si, si. — dijo. — Vas a ser la ayudante de fotógrafo en la productora para la que mi agencia ha hecho un par de trabajos.


—Pero cómo? No se lo suficiente… Cómo hicis…? Con quién ha..? — dijo Paula entre risas, sin entender si su amiga estaba haciéndole un chiste.


—Ey, muy copado flaca, pero cómo hiciste? Que sos la dueña de la agencia? — dijo Marcos, entre las risas de todos.


—No. Pero tengo un amigo productor…


—Amigo. — Dijo Marcos marcando comillas con los dedos.


—Bueno si, además estoy saliendo con él, desde hace poquito y bueno, si. Sabía que hacía falta alguien para ese trabajo en la productora, y se como trabaja Paula, además es mi amiga…


—Uff Flor…pero mira que no tengo experiencia profesional… te voy a traer problemas con tu amigo, o con la agencia, podes quedar re mal…y… —Se empezó a angustiar Pau.


—Sos buena, y tampoco te estoy largando a la boca del lobo, empezarías como asistente nomás. No vas a ganar mucho, eso si. Pero algo es algo.


—No, no te hagas problemas por eso, gracias!! — Paula se levantó y abrazó a su amiga. — Además, me sirve para aprender y ver como se trabaja… aunque no sea el campo al que me quiero dedicar.


—Que sabes? Por ahí terminas trabajando para la Harper’s. — le dijo Flor.


Su amiga, le explicó que el empleo era a la tarde, y algunas veces se extendía un rato a la noche.


Se trabajaba los días miércoles, jueves, viernes y algún que otro sábado. Ella no tenía que llevar nada.


Ese mismo miércoles, iba a tener que ir porque había una producción en interiores, para ayudar, y encima, iba a tener la suerte de que en esa producción, estaba Flor. Así que iba a tener una cara amiga, para no sentirse tan nerviosa.


Todo parecía perfecto.


El día había llegado, y después de una jornada cargada de nuevos libros y apuntes en la facultad, se fue a su casa para relajar hasta que fuera la hora de irse a trabajar.










sábado, 7 de noviembre de 2015

CAPITULO 9




Esa mañana del viernes se levantó, y, ahora mas lúcida, pudo tomar dimensión de lo que iba a hacer ese día. Le entró pánico.


Ya no podía dar marcha atrás, él iría a buscarla a su casa si ella no iba.


Y la charla era necesaria. Pero cómo iba a poder?


Volver a verlo, tenerlo cerca. Seguramente él no se la iba a poner fácil.


Miró el celular y le mandó un mensaje a Marcos, contándole lo que iba a hacer.


A los 5 minutos el celular le sonó. Marcos.


—Rubia, que hiciste? Cómo que lo vas a ver a tu ex? No te puedo dejar ni dos segundos sola en Córdoba?


—No, no podes. Pero la idea no es verlo para volver con él. Es para explicarle que ya no quiero que me moleste.


—Además acordáte que estas de novia, rubia. No me vayas a engañar, eh?


Paula rió.


—Que lindo que me llamaste y me hiciste reír un rato. Me estaba poniendo histérica. Qué haces despierto tan temprano?


—Tranqui corazón. Salí a correr. Tengo el finde libre. Es más, tengo toda la semana libre.


—Que lindo, sacá muchas fotos por mí.


—Y si voy a visitarte? Y me haces vos de guía turística, para variar?


—En serio me decís? Mirá que ya estoy sacando el colchón para que te quedes, eh?


—Jajaja no te hagas drama, me quedaría en un hotel. Desde que soy chico no voy a Córdoba, y cuando fui, fui a las Sierras. Quiero conocer la capital.


—Y vení!! Yo me quedo hasta el domingo. Sabes como llegar en auto?


—Si, no te hagas drama. Mañana voy entonces y nos volvemos juntos el domingo.


—Ey, quédate en casa. No hay drama por mis viejos, eh? Es verano, no vas a encontrar ningún hotel en tan poco tiempo.


—No había pensado en eso, la verdad.


—Todo dicho, te quedas en casa. Avisame cuando salgas para acá.


Ahora, con mas alegría, se dispuso a preparar ropa para su encuentro de hoy, con David.


Cuando terminó, desayunó en familia. Y hasta que se hizo la hora de irse, no se movió de su casa.


Disfrutando de la rutina de un viernes de vacaciones.


Todos estaban en casa para estar con ella. Le prepararon sus comidas favoritas, y su mamá le ofreció lavarle toda la ropa que tenía sucia.


A cada rato, miraba el celular para ver la hora.


Una vez bañada, vestida y con el pelo arreglado, ya no le quedaba otra, que irse al encuentro con su ex.


Caminó esas pocas cuadras bajo el calor del sol del día de verano en plena Nueva Córdoba.


Se sentía segura de lo que tenía que decirle. Lo había ensayado todo el día. En cierta forma, se sentía segura de su aspecto también.


La ultima vez que lo había visto, era un lío. Su pelo estaba horrible, y estaba mas gorda, y se vestía como…como siempre se había vestido.


Gracias a la ayuda de Flor, su amiga modelo, había mejorado bastante. Ahora tenía el pelo con un corte de moda, y rubio platinado. Así, se había ganado el apodo de su nuevo amigo Marcos. La rubia.


Blondie.. Barbie… y así como así, su modelito, estuvo de nuevo en su mente.


Qué estaría haciendo? Que lejos estaban.


Se dio cuenta de que siempre daba por sentado que por más de que no sabía nada de él, contaba con que en las fiestas a las que iba, siempre lo veía.


Pero ahora, a kilómetros de distancia, era imposible. Notó la decepción que eso le hacia sentir.


Tenía ganas de verlo. Y seguir el jueguito que habían empezado. De mirarse. Se conformaba con eso
solamente.


Y mientras llegaba al punto de encuentro, se distrajo imaginando como sería verlo a su modelito nuevamente. Se imaginó como sería bailar con el de nuevo… despertarse en su cama. Su cara de dormido…


Pero entonces lo vió.


Su ex, David. Sentado en uno de los bancos. Buscando a alguien con la mirada.


Ella tuvo que llegar a su lado para que la reconociera. Eso le gustó.


Pudo disfrutar desde cerca, de su cara mientras reaccionaba.


Los ojos se le abrieron, las cejas se le levantaron, y hasta se puso nervioso.


Así me gusta, pensó ella.


—Paula? Casi no te reconozco con… Qué te pasó…? Estas… Y no pareces…


—No parezco yo? — dijo sonriendo.


—Si, sos vos. Estas hermosa. Muy hermosa.


—Gracias, vos también. Estas mas flaco.


Estaba mas lindo que nunca. Se había afeitado. Y era raro verlo así en vacaciones. Se enterneció, pensando que se había tomado tantas molestias para verla a ella. Se lo imaginó vistiéndose, y arreglándose. Se le derritió un poquito el enojo.


Los dos, muy nerviosos e incómodos buscaron algún lugar con sombra para sentarse. Eligieron unos bancos de la galería que estaban frescos.


Después de que hablaron un rato de cosas triviales, como el clima, y como estaba Córdoba ahora que había vuelto, empezaron realmente a hablar.


—Por que te fuiste antes Pau? Podríamos haber hablado.


—Necesitaba irme. Me hizo bien. Tenés razón, podríamos haber hablado, pero no me contestabas.


Y así como así, Paula se olvido de los lindos pensamientos que estaba teniendo, y la inundó la bronca que había sentido esos meses. No quería pelear. No venía para eso.


—Mira David. No quiero pelear. Vine a que hablemos.


—Si, yo también quiero hablar. Se que es tarde, pero te quiero explicar… con Nadia no..


—No quiero saber nada de eso.


—Pero quiero explicarte para que me perdones.


—Ya estás perdonado.


—En serio, amor?


—En serio. Te perdoné, porque entendí que yo no soy tu dueña, vos sos como sos. Me equivoqué pensando que ibas a cambiar.


—Entonces…?


—Entonces, te perdono. Pero no me voy a olvidar nunca de lo que pasó. Y no puedo volver a confiar en vos.


—Si me das oportunidad, puedo ganar tu confianza de nuevo. Todos estos meses fueron los peores.
Fueron dos años y una sola metida de pata, de la cual me arrepiento, muchísimo.


—No me interesa. Perdonáme, pero no me interesa.


—Te extraño. Te juro que te sigo queriendo como siempre. Se que vos también. La pasábamos tan bien juntos. Extraño charlar con vos. Te conozco, Pau..


—Con el tiempo, capaz podamos ser amigos. Pero no me interesa nada más David.


—Es por tu novio? Estas enganchada? Lo querés?


—No vine a hablar de él.


—Pero es por eso que no querés estar conmigo. Por eso es que te olvidaste de mi. De todo lo que vivimos. Ya no me querés mas?


Los ojos de David estaban rojos, y la voz le temblaba. Lo había visto llorar solo dos veces, y no podía soportarlo. Eran más fuertes las ganas que tenía de abrazarlo, que de matarlo por todo lo que le había hecho sufrir.


Él, se tapaba la cara con las manos, y se las pasaba por el pelo. Se notaba que estaba haciendo un esfuerzo para no demostrarle ninguna debilidad.


Era tan orgulloso.


Paula no podía abrazarlo ahora, porque sabía que de ahí a que todo se arruinara, eran segundos.


Así que hizo algo que si podía hacer, y le agarró la mano.


—Nunca me voy a olvidar de vos. Sabes que te quiero.


—Entonces por que no podemos estar juntos Paula?


—Porque no quiero volver a sufrir.


—Pero no voy a volver a hacer nada que te haga mal.


Ahora él le apretaba su mano y se la ponía en su cara. Paula podía sentir como toda esa determinación se esfumaba.





Todos los recuerdos la atacaban ante ese contacto físico. 


Cómo había hecho para estar tanto tiempo sin tocarlo?


Hipnotizada por los ojos verdes del que había sido su primer y único amor, se estaba dejando ir.


Le estaba ganando la batalla.


Suspiró. Tiró de su mano, liberándose de su agarre y negó con la cabeza.


—Me lastimaste David. Me gustaría creerte, pero no puedo.


Y atacó con algo que sabia que el no iba a poder discutir.


—Además, como vos dijiste, ahora estoy con alguien. Y no voy a arruinar eso. Me estoy adaptando a una vida nueva, en una provincia nueva, no quiero más cosas.


—Ok. Ahora soy yo el que no quiere saber nada de eso. No me cuentes.


—En un tiempo, podemos volver a hablar y ser amigos. Yo te quiero un montón y me importás un montón todavía. Como pareja, no somos buenos. Acordáte de todas las peleas. De como te sacabas.


—Si, me acuerdo. Pero si te puedo tener de nuevo a mi lado, me banco eso mil veces.


Lo miró como pidiéndole por favor que se callara.


—Ya sé. No te lo voy a pedir más. Ya entendí.


—Queda todo bien entre nosotros, entonces?


—Todo bien, Pau.


Ahora mas relajados, pudieron seguir hablando de las cosas que siempre hablaban. Después de todo seguían teniendo mucha gente y gustos en común.


Mucho compartido.


Mas tranquila, a las 8, se fue a su casa, con la sensación de haber cumplido una misión.


Pero a la vez, sintiendo que de verdad, había cerrado uno de los capítulos mas hermosos de su vida. Y que ya nunca más lo iba a recuperar.


Habló con sus padres sobre la llegada de Marcos. Y lógicamente, después de asegurarles que no era un novio, ni un amiguito especial, pudo convencerlos de que lo dejaran dormir en su cuarto.


El le escribió, contándole que llegaba a Córdoba a las 11 de la mañana del sábado. Así que le pareció lo mejor irse a dormir temprano. Por si él se perdía y necesitaba explicarle como llegar a su casa.


Todo el estrés de la tarde, se aflojó de golpe, y ya se le cerraban los ojos mientras cenaba.


Esa mañana, se sintió mejor. Se incorporó en la cama y por primera vez en mucho tiempo, sentía que estaba en el camino a olvidarse y dejar atrás todo lo malo. Ya había dado el primer paso, que era dejar atrás a su ex.


Tenía adelante una vida más interesante, en Buenos Aires, con gente que la quería. Se sintió optimista y hasta emocionada.


Pensó en sus amigas modelos y en Marcos. Y se puso de mejor humor, en unas horas lo vería.


Pensó en el modelito. Verlo también estaba en su futuro, una vez que volviera a su nuevo hogar.


Eso la hacía sentir rara. Llevaba dos días sin verlo. Habría estado con alguna modelo? Como hacía de costumbre. Pero sin ella para estar mirándolo. Habría notado su ausencia?


Tenía que aceptarlo, el modelito le quemaba la cabeza.


Su forma de hablar. Esos ojos azules…mmm…


Aunque si alguien le hubiera preguntado, hubiera dicho que el modelito era un jugador, que le gustaba demasiado la fiesta, que era mujeriego por estar con tantas chicas distintas. Pero la verdad, es que lo que más le molestaba del asunto, es que ninguna de todas esas chicas era ella. Ni una sola vez ella.


Y otra vez, como hacía desde hace mucho, se imaginó como sería estar con el, como estaba con las modelitos, mientras se preparaba para recibir a Marcos.


Para las 12 del mediodía, sonó el portero del edificio y ya había llegado.


Paula le presentó a toda su familia. Su hermano y su papá, obviamente, ya lo conocían. A los dos les gustaba mucho el fútbol, y estaban emocionados de tener en casa a este jugador de primera.


A su mamá, le pareció un chico “amoroso” como ella siempre decía. Les había caído bien a todos.


Además, ayudaba que había llegado con dos docenas de empanadas, que había comprado en el camino.


Cuando Paula lo vió, fue corriendo a recibirlo. Marcos la abrazó como si hiciera tiempo que no se veían. La verdad es que ya estaba tan acostumbrada a verlo, que la idea de que había kilómetros separándolos, y todo lo sucedido el día anterior con su ex, le habían dejado una sensación amarga y lo extrañaba. Extrañaba su compañía. Y él se sentía protector de su amiga, podía presentir que ella lo
necesitaba.


Su familia que estaba presenciando ese saludo, intercambio algunas miradas perspicaces.


Ellos no conocían a Marcos, y no sabían que, por naturaleza, era sumamente cariñoso.


Después de que almorzaron, salieron solos a pasear. Así de paso se ponían al día.


Ella lo llevó al centro de Córdoba, que porque era sábado a la tarde, no había locales abiertos, más que bares. Pasearon por la zona colonial, y Paula, como una autentica guía, le contaba de los lugares que recorrían.


Cuando hicieron un descanso, se sentaron a tomar la merienda.


Ahí, Paula, le había podido contar lo que había sucedido con su ex.


—Que bueno, rubia. Fue lo mejor que podrías haber hecho.


—Si, pero casi caigo. Me estaba poniendo cara de sufrimiento y vos ya sabes.


—Pero aguantaste, ahora que se aguante él. Que embole no haber estado acá para verle la cara al gil ese.


—Jajaja la cara de cuando me vio al principio. Podes creer que no me reconoció?


—Que vea lo que se perdió. — le dijo guiñándole un ojo
Rieron.


Que bien le hacía hablar con su amigo. No le decía nada del otro mundo, pero el simple hecho de poder contarle todo, era tan liberador.


Aprovechó y le contó las cosas que le estaban pasando con el modelito.


—Uff…pero vos salís de un pirata, para engancharte con el rey de los piratas.


—Si, no?


—Si rubia. O sea, querés escuchar mi consejo?


—Por favor.


—Encáratelo, sacáte todas las ganas que tengas y aléjate rápido. Es más que evidente que el pibe de novio…nada.


—Pero mirá con las chicas que está. No se va a fijar en mi. Ni siquiera para estar una noche.


—Callaate Paula. Sos mas linda que muchas de esas modelos que están con él, y miles de veces más interesante. En todo caso, como te vas a fijar vos, en un huequito como él…


—Por algo nunca quiso nada. Oportunidades tuvo, varias. Estuve durmiendo con él. No hizo nada.


—Por ahí es muy caballero.


—Es hombre.


—Si, la verdad no se que decirte rubia. Si no te da bola, fue. Hay una fila de chabones con los que podes estar.


—Gracias.


—Coty lo conoce. Si querés te puedo sacar alguna información o hacerte la gamba.


—No, está bien. Me tendría que dejar de pensar en chicos así. Tenés razón.


—Salgamos a bailar hoy. Y si no encontras nada en Bs As, lo podes encontrar acá. O si no, nos divertimos y bailamos hasta que no demos mas.


—Siii, me hace falta todo eso que dijiste.


Y después de seguir paseando, se fueron a lo de Paula para prepararse para esa noche de sábado que se les presentaba con un calor infernal.


Paula, lo iba a llevar a conocer la zona del Chateau, porque sabía que le iba a gustar la música de esos lugares. No serían las fiestas súper exclusivas a las que iban en Buenos Aires, pero era un cambio de aire.


Marcos, llevó a Paula y a su familia a cenar a un restaurante donde hacían la mejor carne. Quedaba al frente de la cañada y eso hacía que comer afuera no los sofocara de calor.


El airecito que traía el río, era refrescante y la noche estaba divina. Vale se había cambiado de ropa, ya preparada para salir. Había llevado algunas cosas que había comprado con Flor, como una minifalda ajustada, con recortes de cuero y una remera sin espalda que antes, nunca se hubiera puesto.


Era impresionante, como un par de meses la habían cambiado tanto.


También ayudaba sentirse en confianza con la gente que la acompañaba.


Con su ex, todo era muy complicado. A ella siempre le había atraído lo inteligente que era, lo analítico. Pero ahora, pensándolo bien, siempre había sentido como también la analizaba a ella. Y nunca pudo soltarse, por miedo a su rechazo, o a que se burlara.


Parte de ese encanto, era esa mirada crítica que tenía para todo. Para absolutamente todo.


Marcos y sus amigas de Buenos Aires, la habían aceptado y ayudado a sentirse cómoda consigo misma. Sonrió al pensarlo.