jueves, 24 de diciembre de 2015

CAPITULO 119





Habían llegado a Córdoba para la hora del almuerzo. Paula se había estado con nauseas, y no habían podido viajar hasta tarde.


Estaba empezando a hartarse del malestar. Según había dicho su médico, terminado el primer trimestre del embarazo, esos síntomas disminuían, o a veces hasta desaparecían, pero ya no aguantaba.


Sus padres los esperaban, y en un primer momento tuvieron que decir que el vuelo se había retrasado. Querían darles las noticia en persona.


Ya sentados en la mesa, se pusieron a hablar de cualquier otra cosa, esperando el momento perfecto para lanzar la bomba.


—Y cómo anda tu amigo Marcos? Tenés noticias de él? – preguntó Carla con cariño. La verdad es que su madre se había encariñado con él. Era difícil no hacerlo.


Ella miró incómoda a Pedro por un segundo, pero después dijo.
—Si. Hablé con él antes de ayer. Está haciendo todo lo posible para venir a fines del mes que viene. – sonrió. —
Le está yendo muy bien.


—Ah.. como me alegro. Decile que venga a visitarnos cuando esté en el país. Nico nos contó que le había
mandado una camiseta de regalo.


Su madre estaba de buen humor, y como siempre era la única en la mesa que hablaba hasta por los codos, dándole a los demás oportunidad apenas para meter un bocadillo.


—Quien vino a visitarnos el otro día fue Florcita. – sonrió todavía más.


—Se la ve tan bien con Nico. Espero que tu hermano se porte bien, porque si no, lo mato. Es muy buena chica. Muy
buena amiga.


—La mejor. – estuvo de acuerdo Paula, de repente, extrañando a la loca Flor.


—Ah! Casi me olvidaba… hablando de buenas amigas. – su rostro se endureció y levantó una ceja de manera irónica. —También la vi a tu ex amiga, Nadia.


Oh.


—Sabías que está embarazada? – preguntó Carla.


Pedro apretó su mano disimuladamente.


—Si, sabía.


—Sabés quien es el padre? – preguntó curiosa.


—David. – dijo dejando a sus padres con la boca abierta.


Y así como así, la charla se había desviado a su ex. Ella les había contado algunos detalles de su separación con su
ex novio, pero no todos. Y definitivamente era una sorpresa. 


Tenían mucho que opinar.


Para colmo de males, parecían estar horrorizados por el hecho de que Nadia iba a ser madre tan joven.


Cómo se suponía que ahora iba a contarles su propia noticia? Miró a su esposo y estaba pálido. Había dejado de
comer, y estaba casi segura de que estaba empezando a transpirar copiosamente, como ella.


—No es tan grave. Ellos están juntos, y la familia de Nadia los puede ayudar. El padre puede mantenerlos a todos. Si quiere, hasta puede mantenernos a nosotros también, y a
varios de los vecinos de la cuadra. A ese bebé no le va a faltar nunca nada. – dijo Paula pensativa.


—Ese no es el tema, Pau. Son unos chicos. Tienen tanto que vivir. Tanto para experimentar. David quería recibirse y le faltaba tan poco. Ahora qué va a pasar con él?


El pecho de Jamie subía y bajaba tratando de hacer entrar aire en sus pulmones de manera violenta. Estaba hiperventilando. No era precisamente el discurso que necesitaba escuchar en este momento.


Estaba a punto de hacer alguna acotación tranquilizadora, cuando su esposo, en un impulso se aclaró la garganta y dijo.
—Pau está embarazada. – se frenó para mirarlos. —Vamos a tener un hijo.


Ella jadeó y sus padres contuvieron la respiración.


Wow…


No había sido la mejor manera de decirlo, pero ahí estaba.


—No lo estábamos buscando, pero pasó. Y es una sorpresa para los dos. – tomó la mano de él y le sonrió. —Estoy de 11 semanas.


Sus padres seguían sin reaccionar.


—Es todo muy nuevo, pero quiero que se queden tranquilos de que… – empezó a decir Pedro, pero Luis lo interrumpió.


—Tranquilo? Cómo me voy a quedar tranquilo? – los miró perdido. — Se conocen, se van a vivir juntos, a los pocos meses se quieren casar,…todo tan rápido.


—Siempre fuiste tan sensata Paula. – dijo su madre. —Cómo no se cuidaron?



****

El estaba empezando a molestarse.


No le gustaba como le estaban hablando a su mujer. La miró y se dio cuenta de que estaba a punto de llorar.


Tenía que hacer algo. Tenía que decir algo.


—Ella no va a dejar nada de lado. – los miró más seguro. —Nos cuidamos, pero de todas formas siempre existe la
posibilidad…


— Ahora que vas a hacer con tu carrera? Tus sueños? – insistió Luis.


Paula no podía hablar. Estaba asustada y sus ojos reflejaban tanto dolor, que su corazón se estrujó.


—Va a hacer lo que quiera y pueda. – dijo cortante. —Yo pienso hacer todo lo posible porque cumpla todos sus sueños.


—No te estamos atacando, Pedro. Ni a vos, ni a nuestra hija. Pero queremos que se den cuenta de que se están equivocando. – dijo Carla angustiada. —Casi ni se conocen. Van a tener toda una vida para tener hijos. No creo que sea el momento.


—Hay tantas opciones. – dijo Luis pensativo.


El le clavó la mirada sorprendido.


De qué estaba hablando? No podía creerlo. Lo esperaría de su madre, pero sus suegros habían sido siempre tan
comprensivos…


—Es verdad. – dijo Vale por lo bajo. —No es el momento perfecto, pero para mi no hay otras opciones.


Tomó la mano de su esposa y sin pensarlo si quiera dijo.


—Para mí tampoco hay otras opciones.


Ella se había quedado mirándolo por un rato y apretó su mano un poco más fuerte.


La miró y tenía lágrimas en los ojos. No podía verla triste. 


Era como si algo afilado se le clavara, y se le retorciera por dentro. Se acercó para decirle al oído.


—Paula, me parece que es mejor que vayamos. Es mucho para ellos, necesitan pensar, hablarlo y tener tiempo de asimilar la noticia. – la besó en la mejilla. —Y vos necesitas descansar, no te va a hacer bien angustiarte.


Ella lo miró asintiendo y después de un rato se despidieron. 


Era mejor para todos.


Las cosas seguían complicándose, y cada vez le costaba más ser optimista.


Había dejado todo tirado en Estados Unidos para volver con su mujer, y ahora no estaba tan seguro de cómo haría para volver a retomar esos negocios. La ecografía lo había dejado
impresionado.


No podía ni llegar a imaginar la dimensión de lo que estaban viviendo.


Le dolía todavía pensar en como había reaccionado cuando Paula lo llamó por teléfono aquella vez. Ella parecía haberlo perdonado por completo, pero él aun seguía castigándose por eso.


Le bastó con verla, para darse cuenta de que ella también estaba muerta de miedo. Y tal vez fue eso lo que le había hecho falta.


No veía otras alternativas posibles, él la protegería de todo, y haría todo por verla bien. Seguro, un hijo en este momento no era el plan de nadie, pero estaba secretamente feliz de que le tocara vivirlo con ella. No se imaginaba una mejor madre en el mundo.


Recordó como lo había cuidado cuando tuvo esa gripe estomacal espantosa unos meses atrás. Ella podía con esto.


No tenía dudas.


Era él quien le preocupaba. No estar a la altura, defraudarla… era eso lo que le preocupaba en realidad.


En medio de todos esos pensamientos, llevó a su esposa al hotel, donde empacaron todo rápidamente para tomarse el próximo vuelo a Buenos Aires.



****


Su mente era un lío. No paraba de pensar en la cara que habían puesto sus padres.


Tampoco esperaba que recibieran la noticia con la alegría que Francisco lo había hecho… pero esperaba que al menos la hubieran respetado en su decisión, o le hubieran ofrecido su apoyo como siempre.


Lo único que hacía que ahora no estuviera llorando desconsoladamente, era Pedro. La había defendido frente a
Carla y Luis. Se había hecho cargo de la situación y había estado allí para darle cariño.


Ahora estaban llegando a casa después de un viaje relámpago a Córdoba, y él le preguntaba a cada rato si necesitaba algo o si se sentía bien.


Sonrió. Estaba sobreprotegiéndola.


Y para variar, le encantaba.


Los días fueron pasando y tras miles de análisis y estudios, pudo quedarse tranquila de que el embarazo estaba perfecto, y ella también lo estaba.


La nueva dieta que le había dado la nutricionista, le exigía que comiera cada 2 horas, y estaba tratando de cumplirlo.


Ya notaba que su peso empezaba a aumentar. Por lo menos, en zonas localizadas como sus pechos.


Se sentían como dos piedras rígidas, y estaban por demás sensibles.


Lamentablemente, eso también había enfriado mucho la relación física de la pareja. Estaba a veces con tantas
molestias, que prefería no hacer nada.


Se sentía un poco insegura de su nueva silueta también.


Irónicamente, su esposo parecía estar encantado con las novedades.


Amaba su nuevo escote, y la estaba pasando bastante mal por no poder hacer nada al respecto.


El doctor les había garantizado que no había problemas, y que podrían llevar una vida sexual normal, sin cambiar absolutamente nada, y de hecho se lo había recomendado. Era sano, y la ayudaría a sentirse mejor.


Pero ella entre el dolor en los pechos, las nauseas la acidez, y el dolor de cabeza que muchas veces la atacaba, no estaba de humor para nada.


También la habían asegurado que después en el cuarto mes, algunas de esas molestias desaparecerían y ya no
faltaba mucho. No podía esperar…


Habían tratado de ser lo mas reservados posibles, ya que nadie en la agencia podía enterarse. Pero no había podido ocultárselo a Nico, Flor y su amiga Ana, que estaban emocionados por la noticia.


Todos estaban ansiosos por verla con panza, y empezar a comprarle regalos a su futuro sobrino. De hecho, hasta su hermano lo había tomado bien.


Era el más sorprendido y muchas veces le decía que no podía creerlo y que le costaba imaginárselo, pero estaba feliz.


En la universidad estaba atrasadísima, y ahora que ya habían pasado todos los parciales, y quedaban solo los finales, tenía materias al borde de desaprobar con grandes
posibilidades de recursar.


Ese día, uno de los profesores habló con ella y Anabela.


No habían entregado un práctico y ahora estaban a punto de quedarse libres.


—La única posibilidad es que me entreguen el trabajo terminado para la próxima clase. Y eso incluye el informe,los paneles y la producción de fotos. – dijo su profesor, sabiendo que era imposible tener todo eso listo en dos días.


—Va a estar listo para entonces. – dijo Paula sonriendo.


El hombre asintió y se fue. Ana estaba con los ojos abiertos mirándola totalmente descolocada.


—No hay forma, Pau… no tenemos tiempo…


—Algo se nos va a ocurrir. – suspiró.






miércoles, 23 de diciembre de 2015

CAPITULO 118




En el consultorio, estaban los dos tomados de la mano, esperando que el importante doctor Benjamín Avellaneda
terminara de ver los resultados de sus análisis.


Los miró con una sonrisa y comenzó a hacerles preguntas de todo tipo.


Pasados los dos minutos, los había llenado de papeles, folletos y explicaciones para padres primerizos, y le había sugerido a ella vitaminas prenatales y ácido fólico. Era tanto para asimilar de una vez, que se alegraba de tenerlo por escrito.


—Bueno Paula, ahora vamos a pasar a la parte más linda, que es la ecografía. Lo que quiero es determinar
en que etapa del embarazo estás, y si podemos, escuchar el corazón del bebé. – tomó nuevamente los análisis. —
Supongo que debes estar de pocas semanas, pero necesito una fecha estimada de parto. – le sonrió.


Oh. Parto.


Ella hasta ahora se había preocupado por el embarazo en sí, o por como criar un niño… pero no había tenido en cuenta el parto. Fue como si agua helada le corriera por las venas.


Le tenía pánico al dolor, a estar internada… a sentirse mal. Y si se complicaba? Oh por Dios. Miró hacia donde estaba su marido, y él estaba escuchando atento todo lo que el médico
indicaba como alumno aplicado. Se estaba tomando todo esto muy en serio.


Y podía notar que iba a hacer lo posible porque ella respetara todo al pie de la letra. Suspiró.


—Anda a ponerte la bata al baño. – le señaló un perchero y una puerta blanca.


—Bata? – preguntó confundida.


—Si. No es una ecografía abdominal. Si el bebé es muy pequeño, no podríamos ver nada. – dijo tranquilo.


Oh. No estaba preparada para esto.


Cuando salió del baño se sintió demasiado incómoda. Estaba con una bata fina que cerraba… apenas.


Siempre le había resultado horrible ir al ginecólogo… por qué ahora tenía que hacerlo frente a Pedro? Qué horror.


Se sentía tan expuesta.


Una voz en su mente le dijo: Acostumbrate, en el parto va a ver mucho más que esto. Y no es como si nunca te hubiera visto desnuda, después de todo.


El doctor Benjamín le hizo señas y se recostó en la camilla. 


Pasó un preservativo por un aparato largo, blanco, que se conectaba a un cable del ecógrafo y después le puso una sustancia viscosa.


La miró como preguntándole si estaba lista, y cuando ella asintió, el artefacto ya estaba dentro. Se sentía raro. Incómodo. Invasivo. Espantoso.


Pedro estaba a su lado, tomándole la mano, mirando toda la escena sin decir una palabra, y con su rostro ceniciento.


El doctor movía la sonda y ella hacía algunos gestos de molestia. Pero entonces una figura comenzó a moverse
en la pantalla que antes era negra.


Había algo.


Y lo vió.


La ecografía que ella se había imaginado ver, era la de un puntito con latido, pero no. En la pantalla había un bebé.


Un pequeño bebito con toda su columna vertebral visible. Y se movía!


Como un pececito. Sus brazos, sus piernitas. Tan pequeño. 


La imagen trajo lágrimas a sus ojos.


Pedro se acercó un poco a la pantalla, incrédulo.


Hasta el médico estaba sorprendido.


—Bueno! Parece que no era tan chiquito. Paula, estás por lo menos de 11 semanas de gestación.


—11 semanas?! – gritaron los futuros padres.


El doctor sonrió.


—A veces pasa. La mujer no presenta síntomas, o sigue teniendo su período… Hay casos que incluso se enteran al momento del parto. Lo que me preocupa un poco es tu peso. Vamos a tener que cambiar la dieta. Si? Te voy a recomendar una nutricionista excelente.Y en menos de dos meses ya vas a estar en peso normal. – tocó botones en el
ecógrafo, y la pantalla cambió del blanco y negro a una imagen con azules y rojos.


—Ahora vamos a escuchar el corazón. – y así fue.


Un sonido galopante. Fuerte, rítmico y profundo como del fondo del mar.


Ella soltó todo el aire de golpe.


Que fuerte. Estaba vivo dentro de ella.


Tenía un corazoncito que latía con fuerza. Era una personita. 


Más lágrimas pinchaban en sus ojos.


Pedro le secó las mejillas dándole besos y diciéndole cosas dulces al oído.


—Podemos llevarnos la ecografía? – preguntó mirando al doctor.


—Claro. Ahora les doy un CD con todo. – les sonrió y anotó con un calendario en la mano haciendo cálculos. —La fecha estimada de parto es el 4 de enero.


Salieron de la clínica aturdidos.


Acababan de enterarse, y estaba pasando todo tan rápido. 


En 6 meses serían padres.


—No tenemos nada listo. Tendría que sacar las cosas del cuarto de huéspedes. Tendríamos que comprar una cuna, o una cuna y una cama. Y muebles para la habitación del bebé. Y cómo vamos a hacer viviendo un piso 11? Nos
convendría mudarnos… Una casa. Grande. – decía su esposo, quedándose sin aire al final de todas las frases. —
Podríamos mudarnos de barrio también. Alguno que tenga buenos colegios. El colegio! Ya tendríamos que ir buscando
opciones y viendo si tienen banco para la guardería… y ..y…una sillita para el auto.


Paula lo miró y haciéndole una seña lo obligó a respirar profundo.


—Nos quedan meses, Pedro. Meses.


El asintió de manera violenta mientras inhalaba.


—Yo me preocuparía por una cosa a la vez. – dijo pensativa. —Qué voy a decir en el trabajo? Me queda una sola
sesión de fotos en ropa interior y después varios eventos. – cerró los ojos haciendo memoria. —Y las fotos para
Harper’s.


—A Walter no le diría nada todavía. Conociéndolo se va a poner histérico. Pero vas a tener que hablar con Amanda. – Pedro se pasó las manos por la frente. —Y nuestras familias?


—Tienen que ser los primeros. Ya nos vieron salir de la clínica muchas personas. Cuánto tiempo va a pasar
hasta que se filtre la noticia? – dijo por experiencia.


—Hoy Francisco va a casa. – contestó pensativo.


—Empezamos por él, y mañana sábado, nos vamos a Córdoba. Si? – el asintió. —Y tu mamá… – el levantó una
mano.


—No le vamos a decir nada.


—Pero Pedro…


—No, Paula. – dijo cortante.


Ella solo asintió.


Francisco los miraba con la boca abierta. Hacía segundos se había enterado que iba a ser abuelo, y no podía creerlo. 


Después de un rato, se abalanzó a los brazos de Pedro
sujetándolo fuerte.


—Abuelo? – se rió. —Estoy muy orgulloso de vos, hijo. —Le golpeó la espalda con cariño. —Me hace feliz la noticia.


Miró a Paula y sin poder contenerse, la abrazó también.


—Vas a ser una mamá preciosa de todos mis nietos preciosos.


Los hizo reír.


—Todos? – preguntó Pedro con una risa nerviosa.


—Quiero muchos nietos. – la miró cómplice, aunque ella tenía los ojos abiertos de pánico como los de su marido.


Fueron a sentarse en los sillones de la sala, en donde entre otras cosas le mostraron la ecografía.


—Esto obviamente quiere decir que ya no vas a viajar a Nueva York, no? – preguntó.


—No habíamos pensado todavía en eso. – la miró. —Algunos papeles están todavía en trámite, pero creo que puedo arreglármelas para hacer todo desde acá, o si tengo que viajar, no estar más de dos días allá. Como mucho. No voy a dejar las cosas como están. Ya casi podemos hacer algo.


—Algo? – preguntó su suegro curioso.


—Tenemos casi la misma cantidad de acciones que Elizabeth. La empresa no se va a liquidar. No van a despedir a nadie.


Francisco suspiró.


—Si tu madre quiere…


—No. Hay muchos temas legales que no puede pasar por alto.


—Los otros miembros accionistas, solo están ahí para recibir el cheque a fin de mes, a nadie le va a importar que despidan a la gente.


—Voy a hacer lo que haga falta. – dijo Pedro mirándolo seguro.


—No quiero que en este momento estés metido en estos líos. Yo puedo seguirla desde acá con los abogados.
Incluso puedo reunirme con los inversionistas. Fueron muchos años, hijo. Nadie sabe mejor que yo el
funcionamiento financiero de la empresa.


—Francisco, a mi me parece que Pedro necesita terminar con lo que estuvo haciendo. Yo no voy a estar sola acá, y él cuenta siempre con mi apoyo. – sonrió. —Hay mucho en juego.


Su suegro asintió, aunque no muy convencido. Después de la cena se marchó pensativo. Nada de esto le parecía justo. 


Era la primera vez que veía a su hijo tan feliz. No quería que
cargara con los caprichos de su manipuladora ex mujer.