jueves, 24 de diciembre de 2015
CAPITULO 120
Esa tarde era su última sesión de fotos, y esa noche el último evento de la campaña. Estaba un poco nerviosa.
Se había levantado algo hinchada, y ahora mientras se sacaba la ropa, podía notar que estaba reteniendo líquido.
Perfecto.
Estaba mirándose en ropa interior frente al espejo, cuando Mateo entró y la miró fijo ahí, en la panza.
—Oh, oh. – dijo juntando las cejas.
—Qué pasa? – dijo alarmada.
—Paula, se te nota… – la señaló.
—No se me nota nada. Qué decís?
El se acercó y agarrándola de la cintura, la puso de perfil en el espejo.
—Ah! – gritó.
Era pequeño, y ella seguía estando super delgada, pero definitivamente, en medio de su vientre entre las caderas,
empezaba a notarse su embarazo.
Hacía una semana que no tenía sesiones, y aunque había estado advirtiendo un aumento de peso, no había sido hasta ahora tan evidente.
Cómo puede ser que de un día para otro tuviera panza?
Sería así para todo el mundo?
La verdad es que ya estaba casi de 4 meses, y algunas mujeres empezaba a salirles panza antes…
Tal vez era eso…
—Qué hago? – preguntó desesperada.
Su compañero la miraba confundido, y casi reflejaba la misma desesperación que ella sentía en ese momento.
—Ehm…meté panza… – Paula contuvo el aire. El negó con la cabeza.
—Subite un poco la ropa interior… eso achata… – le hizo caso. El volvió a negar. —Eh… bueno, por ahí nadie se
da cuenta. Yo te veo todos los días. Capaz después lo puedan retocar con Photoshop… – dijo frunciendo el ceño.
—La puta madreee… – dijo alterada.
A los pocos minutos, estaban en el set, preparándose para posar.
Algunos técnicos habían cruzado un par de miradas suspicaces, pero nadie se había atrevido a decirle nada aún.
Walter se había sentado al fondo, y daba indicaciones para trabajar.
Mateo había tratado siempre de apoyarle las manos o un brazo en la zona, o había hecho algo para desviar la
atención, pero estaba quedándose sin recursos.
Su jefe empezó a mirarla con más detenimiento, y casi pudo sentir cuando todas las fichas encajaban en su lugar
dentro de su cabeza. Levantó las cejas lentamente, y apretó los labios en una línea fina.
—Paula, te vas a acostar en el sillón, y vos Mateo, te vas a poner por encima, casi sin tocarla.
Hicieron lo que les pedían. Y su compañero le dijo al oído.
—Se dio cuenta. – ella se mordió los labios nerviosa.
—A ver chicos. Paula mirá la cámara, vos Mateo, la mirás a ella.Perfecto.
Las producción siguió hasta la noche, y habían podido sacar miles y miles de fotos. Por lo que iba viendo, estaban quedando muy bien, en algunas de hecho ni se notaba su panza.
Bueno, no. Si se notaba, pero no era algo que un poquito de edición digital no pudiera arreglar.
Walter se acercó a ellos y les dijo.
—Esta noche tenemos un evento, y tienen que estar los dos. – los miró serio . Mierda. Estaba furioso. —Y después vamos a hablar los 3.
Ellos se miraron haciendo un gesto de dolor.
Pedro había ido a buscarla, seguramente porque afuera ya estaba oscuro, y estaba empezando a ponerse bastante sobreprotector con ella últimamente, y para su sorpresa, su
amiga Anabela también la estaba esperando.
Se acercó a ellos, saludando a su compañera, y besando a su esposo con cariño.
—Hola, Pau. Perdón que venga así, pero me estoy volviendo loca. Le podrás pedir a tu jefe que nos ayude con el trabajo? No puedo recursar. – dijo angustiada. —Me quiero volver a mi casa para las vacaciones, y quiero terminar de una vez.
Sabía como se sentía. Para ella sería imposible también, con un bebé recién nacido.
—Ayuda con qué? – quiso saber Pedro.
Entre las dos le habían contado más o menos la situación y como se les iba a complicar.
—En la productora tenemos el espacio y el material para que puedan trabajar. Qué más necesitan?
Ella se miraron.
—12 modelos masculinos. – dijo Ana.
Su esposo levantó las cejas.
—Tenemos que recrear alguna producción que se haya hecho mucho, y de alguna manera tenga un fin. Como los
calendarios masculinos que se hacen anualmente en beneficio a una causa solidaria. – explicó Pau. —Es algo
trillado… pero justamente de eso se trata.
El asintió.
—Yo puedo posar si quieren. – dijo encogiéndose de hombros. —Y puedo llamar a algunos de los modelos que trabajan con nosotros. Para cuando es?
—De acá a dos días… así que tendríamos que sacar las fotos mañana. – dijo haciendo un gesto de disculpas.
—Mañana?! No hay forma. – dijo rascándose la cabeza. —Me van a faltar algunos que están viajando.
—Yo puedo posar. – se ofreció Mateo, mientras miraba a Ana fijo y se cruzaba de brazos. —Y podría llamar a
algunos compañeros… a ver quien puede.
—Sería genial – dijo Paula animada. Miró a su amiga, y le estaba sonriendo a su compañero disimuladamente.
—Pero Pau, vení un segundito que charlo algo con vos, puede ser? – la tomó del codo y se la llevó a donde no los escucharan.
—Yo poso, y te llevo mil amigos si queres, pero vos me haces un favor a cambio.
—Ya me parecía raro… – dijo riendo. —Qué tengo que hacer?
—Esta noche llevá a tu amiga al evento. – iba a empezar a negar, pero él la miró insistente. —Por favor, por favor, por favorrr.
Tuvo que reírse. No parecía él.
Parecía un adolescente de secundaria.
Todo este asunto parecía de secundaria.
—Ok. Yo la llevo. Pero no quiere decir que te va a dar bola. No te banca.
El la miró desde arriba con una media sonrisa petulante.
—No te hagas drama por eso. Vos llevala. – le guiñó un ojo.
Puso los ojos en blanco resignada y resopló. Su amiga no iba a tolerar estas actitudes, no sabía donde se estaba
metiendo.
El se rió y le apretó la rodilla haciéndola reír muy en contra de su voluntad.
Era un idiota, pero en el fondo le tenía algo de cariño.
Volvieron a donde estaban Ana y Pedro mirándolos de manera curiosa.
Sin dudas preguntándose que estaban discutiendo antes.
Ya habían quedado atrás los días en que su esposo la celaba de todos los hombres que se le acercaban, pero
notaba que había algo que no terminaba de cerrarle sobre su compañero de trabajo. Ella para dejarlo tranquilo le había contado que él en realidad estaba interesado en su amiga, pero él seguía teniendo dudas.
Le había costado lo suyo lograr que Ana quisiera ir al evento, pero estaba de tan buen humor por haber solucionado el
tema del práctico, que también quería festejarlo.
La fiesta se realizaba en un hotel que quedaba cerca, y para cuando llegaron, ya estaba a pleno. Ella y su compañero se habían vestido en 2 minutos en la agencia, y de paso, le
había prestado a su amiga un vestido corto y negro que le quedaba perfecto.
Tenía piernas hermosas. Estaban listos para salir.
La gente se agolpaba como siempre, bailando al ritmo de el ritmo estridente y bajo de la música electrónica, sin realmente preocuparse por quien tenían al lado. Era un
ambiente al que se había acostumbrado, pero en el que no se sentía parte. Tal vez nunca lo haría.
Su esposo, en cambio, se movía como un pez en el agua. Apenas habían puesto un pie en el lugar y ya estaba
haciendo sociales, y encontrándose con medio mundo. Su compañero, no se quedaba atrás, aunque dentro del grupo
de conocidos, solo había mujeres.
Todas altas, perfectas. Modelos.
Pero ahí estaba él, mirando a su amiga cuando pensaba que ella no lo miraba.
Ana, una chica normal. Sonrió. Conocía la historia.
Tal vez esa era la razón por la que estos modelos acostumbrados a mujeres esculturales se fijaran en ellas.
Sería aburrido siempre estar mirando a alguien tan bello?
Ella no se cansaba de mirar a Pedro. Y él era perfecto.
A su lado, Anabeal estaba tomándose el segundo trago de la noche mientras chequeaba su celular. Rodando los ojos, la tomó de la muñeca y la sacó a bailar. Se dio cuenta de que nunca había bailado con ella. Habían coincidido en fiestas y esas cosas, pero su amiga nunca bailaba.
Esa noche, no sabía si era por el alcohol, o que… pero estaba más suelta.
Su esposo se acercó a las dos y se sumó bailando y abrazándola por la cintura.
Mateo también se acercó y le dijo algo al oído a su amiga.
No alcanzaba a escuchar qué, pero ella sonreía, asentía
y acercándose a su oído le respondía.
Miraba embobada, como había pasado de mirarlo con mala cara, a ser toda sonrisas, y dejarse llevar por la cintura por su compañero. No podía creerlo. Cómo hacía? Qué le había
dicho?
El, sabiendo que lo estaba mirando, y aprovechando que Ana no, le hizo señas y mordiéndose el labio le guiñó con un ojo. Levantándole el pulgar se fue con su amiga lejos.
Estaba boquiabierta.
Pedro puso las manos por su cadera, la abrazó por la espalda, y despacio…muy despacio por debajo de su camiseta le rozó la panza. Cerró los ojos, sintiendo como le acariciaba con cariño y apoyó la cabeza en su pecho.
—Hmmm… – ese pequeño gesto lograba transmitirle tanta paz que la relajaba al instante.
—Tenés pancita, Barbie. – le dijo al oído.
—Estoy gorda. – suspiró.
El la giró y mirándola con ojos entornados sonrió levemente.
—Estas… hermosa… – le tomó el rostro con ambas manos y la besó.
Un beso suave que apenas ella empezó a responder, se tornó algo más.
Sus manos iban de arriba abajo acariciándola, y haciendo que todo su cuerpo se estremeciera. Cuando él lo notó, la acercó más a su cuerpo, pegándole la cadera a la suya mientras seguían moviéndose al ritmo de la música.
—Vamos a casa. – le dijo mordiéndole el lóbulo de la oreja.
Ella asintió casi inmediatamente y tomados de la mano se abrieron paso entre la gente para salir. A punto de subir al auto, se dio cuenta de que Mateo se subía a un taxi… con Anabela! Se estaban yendo juntos.
Soltó una risa incrédula y levantó una ceja señalándolos para que Pedro viera.
El también parecía sorprendido, y confundido.
—Pensé que no lo podía ni ver…
—Es un idiota, pero no sé que tiene. Si quiere estar con una mina, te lo juro que no le cuesta. Pensé que Ana no iba a caer. – negó con la cabeza.
El también negó con la cabeza, y comentó entre dientes.
—No sé que le ven… – arrancó el auto alejándose de la pareja sin volver a mirar. —Tampoco es tan lindo.
Tuvo que morderse el labio para no reírse
CAPITULO 119
Habían llegado a Córdoba para la hora del almuerzo. Paula se había estado con nauseas, y no habían podido viajar hasta tarde.
Estaba empezando a hartarse del malestar. Según había dicho su médico, terminado el primer trimestre del embarazo, esos síntomas disminuían, o a veces hasta desaparecían, pero ya no aguantaba.
Sus padres los esperaban, y en un primer momento tuvieron que decir que el vuelo se había retrasado. Querían darles las noticia en persona.
Ya sentados en la mesa, se pusieron a hablar de cualquier otra cosa, esperando el momento perfecto para lanzar la bomba.
—Y cómo anda tu amigo Marcos? Tenés noticias de él? – preguntó Carla con cariño. La verdad es que su madre se había encariñado con él. Era difícil no hacerlo.
Ella miró incómoda a Pedro por un segundo, pero después dijo.
—Si. Hablé con él antes de ayer. Está haciendo todo lo posible para venir a fines del mes que viene. – sonrió. —
Le está yendo muy bien.
—Ah.. como me alegro. Decile que venga a visitarnos cuando esté en el país. Nico nos contó que le había
mandado una camiseta de regalo.
Su madre estaba de buen humor, y como siempre era la única en la mesa que hablaba hasta por los codos, dándole a los demás oportunidad apenas para meter un bocadillo.
—Quien vino a visitarnos el otro día fue Florcita. – sonrió todavía más.
—Se la ve tan bien con Nico. Espero que tu hermano se porte bien, porque si no, lo mato. Es muy buena chica. Muy
buena amiga.
—La mejor. – estuvo de acuerdo Paula, de repente, extrañando a la loca Flor.
—Ah! Casi me olvidaba… hablando de buenas amigas. – su rostro se endureció y levantó una ceja de manera irónica. —También la vi a tu ex amiga, Nadia.
Oh.
—Sabías que está embarazada? – preguntó Carla.
Pedro apretó su mano disimuladamente.
—Si, sabía.
—Sabés quien es el padre? – preguntó curiosa.
—David. – dijo dejando a sus padres con la boca abierta.
Y así como así, la charla se había desviado a su ex. Ella les había contado algunos detalles de su separación con su
ex novio, pero no todos. Y definitivamente era una sorpresa.
Tenían mucho que opinar.
Para colmo de males, parecían estar horrorizados por el hecho de que Nadia iba a ser madre tan joven.
Cómo se suponía que ahora iba a contarles su propia noticia? Miró a su esposo y estaba pálido. Había dejado de
comer, y estaba casi segura de que estaba empezando a transpirar copiosamente, como ella.
—No es tan grave. Ellos están juntos, y la familia de Nadia los puede ayudar. El padre puede mantenerlos a todos. Si quiere, hasta puede mantenernos a nosotros también, y a
varios de los vecinos de la cuadra. A ese bebé no le va a faltar nunca nada. – dijo Paula pensativa.
—Ese no es el tema, Pau. Son unos chicos. Tienen tanto que vivir. Tanto para experimentar. David quería recibirse y le faltaba tan poco. Ahora qué va a pasar con él?
El pecho de Jamie subía y bajaba tratando de hacer entrar aire en sus pulmones de manera violenta. Estaba hiperventilando. No era precisamente el discurso que necesitaba escuchar en este momento.
Estaba a punto de hacer alguna acotación tranquilizadora, cuando su esposo, en un impulso se aclaró la garganta y dijo.
—Pau está embarazada. – se frenó para mirarlos. —Vamos a tener un hijo.
Ella jadeó y sus padres contuvieron la respiración.
Wow…
No había sido la mejor manera de decirlo, pero ahí estaba.
—No lo estábamos buscando, pero pasó. Y es una sorpresa para los dos. – tomó la mano de él y le sonrió. —Estoy de 11 semanas.
Sus padres seguían sin reaccionar.
—Es todo muy nuevo, pero quiero que se queden tranquilos de que… – empezó a decir Pedro, pero Luis lo interrumpió.
—Tranquilo? Cómo me voy a quedar tranquilo? – los miró perdido. — Se conocen, se van a vivir juntos, a los pocos meses se quieren casar,…todo tan rápido.
—Siempre fuiste tan sensata Paula. – dijo su madre. —Cómo no se cuidaron?
****
No le gustaba como le estaban hablando a su mujer. La miró y se dio cuenta de que estaba a punto de llorar.
Tenía que hacer algo. Tenía que decir algo.
—Ella no va a dejar nada de lado. – los miró más seguro. —Nos cuidamos, pero de todas formas siempre existe la
posibilidad…
— Ahora que vas a hacer con tu carrera? Tus sueños? – insistió Luis.
Paula no podía hablar. Estaba asustada y sus ojos reflejaban tanto dolor, que su corazón se estrujó.
—Va a hacer lo que quiera y pueda. – dijo cortante. —Yo pienso hacer todo lo posible porque cumpla todos sus sueños.
—No te estamos atacando, Pedro. Ni a vos, ni a nuestra hija. Pero queremos que se den cuenta de que se están equivocando. – dijo Carla angustiada. —Casi ni se conocen. Van a tener toda una vida para tener hijos. No creo que sea el momento.
—Hay tantas opciones. – dijo Luis pensativo.
El le clavó la mirada sorprendido.
De qué estaba hablando? No podía creerlo. Lo esperaría de su madre, pero sus suegros habían sido siempre tan
comprensivos…
—Es verdad. – dijo Vale por lo bajo. —No es el momento perfecto, pero para mi no hay otras opciones.
Tomó la mano de su esposa y sin pensarlo si quiera dijo.
—Para mí tampoco hay otras opciones.
Ella se había quedado mirándolo por un rato y apretó su mano un poco más fuerte.
La miró y tenía lágrimas en los ojos. No podía verla triste.
Era como si algo afilado se le clavara, y se le retorciera por dentro. Se acercó para decirle al oído.
—Paula, me parece que es mejor que vayamos. Es mucho para ellos, necesitan pensar, hablarlo y tener tiempo de asimilar la noticia. – la besó en la mejilla. —Y vos necesitas descansar, no te va a hacer bien angustiarte.
Ella lo miró asintiendo y después de un rato se despidieron.
Era mejor para todos.
Las cosas seguían complicándose, y cada vez le costaba más ser optimista.
Había dejado todo tirado en Estados Unidos para volver con su mujer, y ahora no estaba tan seguro de cómo haría para volver a retomar esos negocios. La ecografía lo había dejado
impresionado.
No podía ni llegar a imaginar la dimensión de lo que estaban viviendo.
Le dolía todavía pensar en como había reaccionado cuando Paula lo llamó por teléfono aquella vez. Ella parecía haberlo perdonado por completo, pero él aun seguía castigándose por eso.
Le bastó con verla, para darse cuenta de que ella también estaba muerta de miedo. Y tal vez fue eso lo que le había hecho falta.
No veía otras alternativas posibles, él la protegería de todo, y haría todo por verla bien. Seguro, un hijo en este momento no era el plan de nadie, pero estaba secretamente feliz de que le tocara vivirlo con ella. No se imaginaba una mejor madre en el mundo.
Recordó como lo había cuidado cuando tuvo esa gripe estomacal espantosa unos meses atrás. Ella podía con esto.
No tenía dudas.
Era él quien le preocupaba. No estar a la altura, defraudarla… era eso lo que le preocupaba en realidad.
En medio de todos esos pensamientos, llevó a su esposa al hotel, donde empacaron todo rápidamente para tomarse el próximo vuelo a Buenos Aires.
****
Tampoco esperaba que recibieran la noticia con la alegría que Francisco lo había hecho… pero esperaba que al menos la hubieran respetado en su decisión, o le hubieran ofrecido su apoyo como siempre.
Lo único que hacía que ahora no estuviera llorando desconsoladamente, era Pedro. La había defendido frente a
Carla y Luis. Se había hecho cargo de la situación y había estado allí para darle cariño.
Ahora estaban llegando a casa después de un viaje relámpago a Córdoba, y él le preguntaba a cada rato si necesitaba algo o si se sentía bien.
Sonrió. Estaba sobreprotegiéndola.
Y para variar, le encantaba.
Los días fueron pasando y tras miles de análisis y estudios, pudo quedarse tranquila de que el embarazo estaba perfecto, y ella también lo estaba.
La nueva dieta que le había dado la nutricionista, le exigía que comiera cada 2 horas, y estaba tratando de cumplirlo.
Ya notaba que su peso empezaba a aumentar. Por lo menos, en zonas localizadas como sus pechos.
Se sentían como dos piedras rígidas, y estaban por demás sensibles.
Lamentablemente, eso también había enfriado mucho la relación física de la pareja. Estaba a veces con tantas
molestias, que prefería no hacer nada.
Se sentía un poco insegura de su nueva silueta también.
Irónicamente, su esposo parecía estar encantado con las novedades.
Amaba su nuevo escote, y la estaba pasando bastante mal por no poder hacer nada al respecto.
El doctor les había garantizado que no había problemas, y que podrían llevar una vida sexual normal, sin cambiar absolutamente nada, y de hecho se lo había recomendado. Era sano, y la ayudaría a sentirse mejor.
Pero ella entre el dolor en los pechos, las nauseas la acidez, y el dolor de cabeza que muchas veces la atacaba, no estaba de humor para nada.
También la habían asegurado que después en el cuarto mes, algunas de esas molestias desaparecerían y ya no
faltaba mucho. No podía esperar…
Habían tratado de ser lo mas reservados posibles, ya que nadie en la agencia podía enterarse. Pero no había podido ocultárselo a Nico, Flor y su amiga Ana, que estaban emocionados por la noticia.
Todos estaban ansiosos por verla con panza, y empezar a comprarle regalos a su futuro sobrino. De hecho, hasta su hermano lo había tomado bien.
Era el más sorprendido y muchas veces le decía que no podía creerlo y que le costaba imaginárselo, pero estaba feliz.
En la universidad estaba atrasadísima, y ahora que ya habían pasado todos los parciales, y quedaban solo los finales, tenía materias al borde de desaprobar con grandes
posibilidades de recursar.
Ese día, uno de los profesores habló con ella y Anabela.
No habían entregado un práctico y ahora estaban a punto de quedarse libres.
—La única posibilidad es que me entreguen el trabajo terminado para la próxima clase. Y eso incluye el informe,los paneles y la producción de fotos. – dijo su profesor, sabiendo que era imposible tener todo eso listo en dos días.
—Va a estar listo para entonces. – dijo Paula sonriendo.
El hombre asintió y se fue. Ana estaba con los ojos abiertos mirándola totalmente descolocada.
—No hay forma, Pau… no tenemos tiempo…
—Algo se nos va a ocurrir. – suspiró.
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