lunes, 21 de diciembre de 2015

CAPITULO 108






Se despertó con el sonido de la alarma del celular, sobresaltada como siempre y en una cama vacía. Suspiró.


Hacía días que no podía hablar con Pedro. Y empezaba a desesperarse.


Desganada, se levantó para cambiarse y salir a correr. 


Consultó las noticias mientras se tomaba un licuado y
una barrita energética. No tenía ganas de hacer ejercicio. 


Hoy, como pocas veces se le antojaba solo acostarse y taparse hasta la cabeza para dormir y dormir.


Pero estaba intentando ser disciplinada.


Estaba a punto de salir a correr, cuando escuchó la llave de la puerta.


Miró y ahogó un grito mientras veía a su esposo entrando.


Dejó todo lo que tenía en las manos tirado y se colgó de su cuello entre gritos incoherentes de bienvenida.


No lo podía creer! Lo había extrañado tanto.


—Te iba a sorprender con el desayuno en la cama, Barbie. – le dijo besándola. —Qué haces tan temprano? – miró su reloj.


—Ahora resulta que entreno a la madrugada. – dijo poniendo los ojos en blanco. —Te extrañé tanto… – lo abrazó más fuerte.


—Yo más. Van a estar furiosos cuando se enteren que me fui. Pero bueno, se van a tener que aguantar unos días sin mi. No podía más.


Rieron, y todavía llevándola en brazos, se condujeron a la habitación.


Apenas pasaron por la puerta, Pedro la soltó, mirándola con ojos ardientes. Todo dentro de ella se removía y aceleraba.


Sin decirle nada, tiró de su camiseta, hasta sacársela por completo y con un solo movimiento la liberó de la calza de deporte que llevaba, y de la ropa interior al mismo tiempo. 


Sonrió.


Ella le arrancó la campera que tenía puesta y comenzó a desprenderle los botones de la camisa. Pasaba las manos por su cuerpo, ansiosa, casi desesperadamente. Tratando de compensar todo el tiempo en el que habían estado separados. Como si pudieran ponerse al día en ese mismo
momento.


Pedro suspiró en respuesta, rápidamente desprendiéndose y
bajándose el pantalón.



****


Inspiró profundo y se dejó inundar por su perfume, por todas las sensaciones que le provocaban su piel.


La había extrañado… La había necesitado tanto.


Sin dejar de besarla la empujó levemente para que cayera sobre la cama y sujetándole las manos se ubicó por encima mirándola.


Sus ojos azules ardían. Le devolvían exactamente lo que él estaba sintiendo en ese momento. Deseo.


Disfrutó de cada segundo mientras entraba en ella y muy de a poco, unidos perfectamente comenzaban a moverse
llevados por el ritmo de sus propias respiraciones.


Se sujetó a sus caderas firmemente.


Todos sus problemas desapareciendo.


Había extrañado absolutamente todo de ella. Sus gestos, su voz, su amor, …pero era ahora, así conectados de una
manera tan básica, tan primaria, tan instintiva, que se sentía finalmente cerca. Era su manera de comunicarse. Y no había ningún lugar en donde se sintiera así de bien. Asi de completo.


—Te amo. – le dijo ella entre jadeos. Y todo su cuerpo se tensó. No era lo mismo escucharlo por teléfono que en persona, mientras le hacía el amor.


Sonrió, y la besó profundamente tratando de gravar en su mente para siempre esas palabras.


En unos días tenía que volver a Nueva York y alejarse nuevamente. No sabía de donde iba a sacar las fuerzas. Y
no quería pensarlo tampoco.


Menos ahora.


Ella envolvía sus piernas en su cintura con fuerza, mientras se mordía el labio.


Quería dedicarle tiempo, quería quedarse ahí para siempre, pero había esperado tanto, que su cuerpo lo traicionaba. 


Paula había cerrado sus ojos, gimiendo, dejándose ir y no pudo más que seguirla. La abrazó con todas sus fuerzas, diciéndole que la amaba también.


Muy lentamente volvían a la normalidad.


La miró y no pudo evitar reírse.


—Te saludé, Barbie? – le dijo tentado.


Ella también se rió.


—No me acuerdo. – le contestó. — Pero supongo que me puedo imaginar que estás contento de verme.


—Feliz. – la besó suavemente en los labios y abrazados, la dio vuelta para que quedara acostada sobre él.



****


Esa mañana no había salido a entrenar, pero se podía decir que había tenido suficiente ejercicio físico como para no sentirse culpable… en un par de días.


Pedro la había acompañado a la facultad, y la había ido a buscar también. Sonrió. Le recordaba la primera época de noviazgo. Parecía que habían pasado años, pero no. Tan solo meses.


Ahora él tenía que trabajar en la productora, dirigiéndola, teniendo reuniones casi todos los días por la empresa a la que pertenecía su padre.


Tenía intenciones de comprar algunas de las acciones y así tener voz y voto para poder también influir en las decisiones
del directorio, que hasta ahora habían sido tomadas unilateralmente por Elizabeth. Nada menos que su madre.


Y ella, tenía que prepararse para una campaña de ropa interior, en la que iba a desempeñarse como modelo, con
un compañero que no podía ni ver.


Como su esposo tenía conocidos en la agencia, la había acompañado ahí también.


Apenas llegaron todos lo saludaban afectuosamente. Algunas de las modelos con las que nunca había hablado, de hecho era la primera vez que las veía, se habían amontonado a su alrededor, y le preguntaban por personas que tampoco conocía.


Walter, cuando se enteró, corrió a saludarlo, y a invitarlo a que se quedara cuanto tiempo quisiera.


Hacía diez minutos que habían llegado, y ya todo el lugar estaba revolucionado.


Un poco más acostumbrada a este tipo de situaciones, puso los ojos en blanco y fue a los vestidores a prepararse. Ese día tenía la primera prueba de vestuario. O fitting. Y dado
que era en ropa interior, estaba algo nerviosa.


Mateo ya estaba ahí, casi desnudo, haciendo flexiones.


—Hola. – le dijo apenas mirándola.


—Hola. Cómo estás? – había sido un buen comienzo, después de todo.


Bastante diferente al trato que habían tenido hasta ahora.


—Bien. En esas perchas de ahí vas a encontrar las prendas en orden. Tenemos que pasar, sacarnos dos o tres fotos así nomás, sin posar, y Walter nos dice.


Ella asintió.


Se escuchaban muchas provenientes del set. Nunca había
posado en frente de nadie más que Walter y los fotógrafos. Y bueno, algunos de sus compañeros modelos.


Pero ahora parecía que estaba lleno de gente. Justo hoy, pensó amargamente.


Las sesiones anteriores habían sido de cosméticos. Por lo tanto su única ropa era una bata de satén corta, que casi no aparecía en las fotos. No habían necesitado hacer un fitting. Pero ahora, tenía que posar con, por lo menos 15 conjuntos y cambios distintos.


Era su primera prueba de vestuario. Y por lo que había visto en la productora, a estas asistían, estilistas, equipo técnico de maquillaje y peinado, gente de la agencia, e incluso algunos representantes de la marca en cuestión.


—Estas nerviosa? – le preguntó Mateo.


Ella asintió.


—Vos seguime a mí. Mirame a mí. Yo te voy diciendo que hacer. – le dijo serio, aunque en un tono… más amable
que de costumbre.


Ella volvió a asentir, esta vez sonriéndole.


Walter los llamó para empezar, y rápidamente buscaron las prendas y se cambiaron en los baños para salir.


—Gracias. – le dijo mirándolo a los ojos.


En el set, no había ambiente de producción de fotos. Era más bien, una locura. Todos corrían, anotaban, se acercaban a ellos con cintas métricas, sujetándoles tela con alfileres. Como si fueran dos maniquíes.


Estaba incómoda.


Miró a su compañero, que le dio una sonrisa alentadora. El la estaba pasando igual. Lo hacían caminar de un lado a otro. Le pedían que se midiera otros talles de exactamente lo mismo que tenía puesto.


Y lo hacía con una enorme paciencia.


Miró hacia el detrás de cámara, y Pedro estaba ahí. Al lado de Walter, supervisando todo. Lo habían dejado presenciar el fitting, porque era él, sin dudas.


La gente de la marca también lo conocía. Vagamente se preguntó, si él alguna vez había modelado para ellos.


Seguramente si.


Lo saludó con un gesto rápido con la mano y él le guiñó un ojo.


Cuando por fin terminaron, era de noche. Y bastante tarde. 


Ya cambiada con su ropa normal, se fue de vuelta al
set, en donde habían dispuesto algunas mesas improvisadas, y gente de catering estaba sirviendo algo para comer.


Liviano, por supuesto.


Le duraban todavía los nervios de antes, así que no tenía hambre. Tenía un nudo en la boca del estómago bastante
desagradable


—Estabas hermosa. – le dijo Pedro besándola suavemente mientras se acercaba a ella.


—Gracias. – contestó poniéndose roja. Era raro estar ahí con él, frente a sus compañeros de trabajos, clientes, su
jefe.


—Hermosos. – dijo Walter, llamando su atención. —Su compañero estaba hecho un bombón también. Ya lo
conocías a Mateo?


Apenas su jefe mencionó ese nombre, Pedro entornó los ojos. Un gesto de reconocimiento. Mierda. Se acordaba lo que ella le había contado.


Ese era el modelo que la había molestado. Y él había amenazado con buscarlo y… ponerlo en su lugar.


Comenzó a sentir nauseas.


—No lo conozco, de hecho. – dijo con cara de póker.


Walter lo llamó con un grito, y su compañero se acercó a donde estaban.










domingo, 20 de diciembre de 2015

CAPITULO 107





El viernes, estaba agotada. Había estado haciendo ejercicio el día anterior y tenía los músculos adoloridos. No había podido comunicarse con Pedro, y eso también influía en su humor. No podía evitar recordar su viaje a Londres. La situación era distinta. No estaba viajando con un montón de
modelos de fiesta en plena campaña, y las circunstancias habían cambiado por completo. Ahora estaban casados, pero de todas maneras todo le era familiar, y la ponía nerviosa.


Se obligó a poner buena cara y enfrentar el día de la mejor manera. En la agencia había un desfile. No era un evento importante. Sólo lo hacían para algunos clientes, y era algo informal.


Para mostrar las nuevas caras, y de paso, para que hicieran sociales y contactos con gente que podía servirles en sus carreras.


Ella no tenía intenciones de ir. La verdad es que no estaba de ánimos para fiestas. Pero Wally, su jefe le había insistido. 


Y estaba el hecho de que había escuchado al modelito Mateo, decir que mejor si ella no iba. Ya se estaban riendo de su forma de caminar en la pasarela. Suspiró. Eran muy odiosos con ella.


Fue apenas llegar, que todos murmuraban cosas a sus espaldas.


No tenía recuerdos de haberla pasado mal, ni siquiera cuando fue nueva en el colegio secundario. No se había destacado como la chica más popular, pero tampoco había sufrido nunca semejante maltrato.


La agencia estaba decorada, y había catering, un DJ, y fotos de ellos por todas partes.


Conocía a muchos de los concurrentes, gracias a que con su
marido, había tenido la oportunidad de asistir a cenas, reuniones, galas de beneficios y demás celebraciones con
gente de la moda. Estos se mostraban amables con ella, y sonreían al reconocerla. Había notado como sus compañeros modelos, hacían mala cara y murmuraban a sus espaldas.


Trató de ignorarlos, y casi lo estaba logrando cuando Mateo, se acercó a ella que estaba charlando con uno de los representantes de una de las marcas para las que iba a modelar, y fingiendo tropezarse, le volcó el contenido de una copa entera de vino en su vestido color coral.


Uno de sus vestidos favoritos. El mismo que había usado en la cena en donde Pedro le había propuesto matrimonio. Le clavó los ojos entre sorprendida e indignada y lo que más le
molestó fue no ver ni la más mínima pizca de arrepentimiento.


No iba a ganar. Suspiró. Comenzó a contar hasta mil, y puso su mejor cara.


Se excusó del coctel y se fue a cambiar.


Cuando estaba en el back, vio la computadora del DJ que iba a musicalizar el evento e impulsivamente hizo algunos cambios. Estaba furiosa. El vino tinto no se quitaría de ese tipo de tela con nada. Tenía un nudo en la garganta. A Pedro también le gustaba ese vestido.


Justo estaba pensando en él cuando le llegó un mensaje suyo deseándole suerte.



“Barbie hermosa, lo mejor para
esta noche. Me gustaría tanto estar con
vos. Sos la más linda… y te extraño
tanto, que apenas me den un descanso
viajo a verte y a llenarte de besos y
mimos. Te amo. P”


Y eso solo la hizo poner peor. Por qué tenía que bancarse lo que otros le hacían? Ella tenía sus propios problemas como para encima tener que estar angustiándose por gente que no la conocía.


Se vistió con un vestido que había en una percha y salió decidida a la pasarela improvisada mientras la pista de música empezaba a sonar. Una música electrónica que no conocía… la letra decía algo como “Dance your tears
away” y no podía venirle mejor para ese momento. Disfrutó su pasada, y sonrió a todos como le habían enseñado.


Llegando a la punta, le habían tomado fotos, y había posado dando lo mejor.


Con un guiño y una vueltita se volvió a los vestidores. No sabía de donde había sacado la seguridad para
hacerlo, pero lo había hecho.


Era el turno de Mateo, y ya se estaba riendo.


El salió, comiéndose la pasarela, con una seguridad que dejó a todos con la boca abierta. Ok, a ella también. Su
compañero tenía talento, no podía negárselo.


Pero entonces, justo antes de llegar a la punta, el cambio de canción hizo que se tropezara. Un ritmo noventoso inundó la agencia, y una voz grave y profunda hizo que algunos se miraran y empezaran a reírse. “I’m too sexy” de Right said Fred, cantando sobre un hombre demasiado sexy, pasarelas, y modelos, hizo que todos, hasta los representantes se partieran de la risa.


El modelito se había quedado descolocado. Miró furioso al back, donde sabía que ella lo estaría mirando.


Paula no paraba de reírse, “si las miradas mataran”, pensó. 


Por un momento no supo que hacer, todos lo miraban, y algunos hasta aplaudían y silbaban. Habían estado tomando desde temprano, y sin dudas ya estaban todos algo envalentonados por el alcohol.


Ella aprovechó que la estaba mirando y le guiño un ojo y tiró un beso.


Vio como los músculos de su compañero se contraían de bronca.


Con la misma confianza que había salido, empezó a bailar. 


Ahí, en frente de todos. Imitaba al cantante del video,
se dio cuenta. Hacía posturas, y todo el mundo aplaudía más fuerte, enloquecidos. Se estaba ganando al público.


Se quedó con los ojos como platos.


Otra vez había dado vuelta la situación para salir airoso. La canción aun no terminaba, cuando él volvió corriendo al
vestidor y la arrastró con él de la mano.


La llevó a la pasarela y la dio vueltas para que bailara con él, mientras le sonreía llamando la atención de todos los invitados.


Ella estaba sorprendida, pero le siguió el juego, riendo con él e imitando las cosas que hacía. Exagerando posturas sexis, levantándose a medias la remera, levantándosela a ella.


Cualquiera que los mirara de afuera, podría jurar que esos dos eran amigos, y se llevaban de maravilla.


Aunque por dentro, se estaban deseando lo peor.


En cuanto la canción terminó y volvieron atrás, el desfile siguió su curso con normalidad. El DJ, había retomado el mando de la música, y otra vez sonaba un raro remix de un tema de Nine Inch Nails, o eso le pareció. La gente todavía aplaudía y se reía, recuperándose del numerito que ellos
habían hecho.


Justo cuando Mateo se acercó a ella, seguramente para decirle unas cuantas cosas, Walter entró corriendo.


—Cuándo planearon eso? Qué sea la última vez que no me avisan una cosa así! – dijo al borde del infarto. —Parece
que a la gente le encantó… pero de todas formas! Yo no marqué eso! No me gusta que…


Paula lo interrumpió porque vio que se estaba poniendo muy nervioso, y los miraba enojado a ambos.


—Fui yo. – dijo levantando una mano y mirándolo de manera cautelosa.


—Yo cambié la música. La verdad, es que me quería vengar por todo lo que me viene haciendo. – señaló a su compañero. —Perdón.


Todos se habían quedado callados intercambiando alguna que otra mirada.


—Ahora no tengo tiempo de seguir discutiendo. – dijo Walter, y salió por la puerta.


Mateo miraba a Paula sin decir nada. Los dos sabían que habían llegado muy lejos.


El jueguito que habían empezado podía costarles sus carreras, las campañas, la reputación de la agencia y la de su jefe también.


Como siempre le ocurría en los peores momentos, se empezó a reír. Se tapó con una mano y se aclaró la garganta, pero no podía contenerse. Los dos habían quedado solos, como si estuvieran en penitencia, sintiéndose culpables. Sacando la verdadera gravedad del asunto, era un poco gracioso.


El la miró y se rió también, negando con la cabeza.


En unos segundos estaban los dos muertos de la risa, sin poder parar. Y era lo más parecido a una tregua que
habían tenido hasta el momento. Era hora de aflojar ese estúpido enfrentamiento y poner paños fríos por el bien de todos.


Walter volvió a entrar y los encontró tentados, hablando como si nada hubiera pasado y su rostro pasó por todos los colores del arco iris.


—Claro! Ahora que casi me arruinan el evento se ríen y son amigos? – dijo a los gritos. —Vos Paula sos nueva, pero vos Mateo… Tendrías que ser más profesional. Qué sea la última vez que me hacen pasar por un momento así! – dijo dándose aire con un pañuelo de manera dramática.


Se miraron nuevamente, buscando seriedad, pero seguían bastante tentados, así que Walter enojado los interrumpió.


—Bueno, mejor que se lleven bien, porque les cuento que los representantes de una de las marcas de ropa interior
acaba de pedirlos juntos para las campañas. Iban a hacer cada uno por su lado, y ahora les toca juntos. – los miró
desafiante, a ver si se reían. Y efectivamente, se habían quedado mudos.


Mal humorado, su jefe volvió a la fiesta para seguir hablando con los clientes, mientras ellos se miraban serios.


—Cómo vamos a hacer? Yo no puedo decir que no. Es una de las marcas que más me contrata. – le dijo Mateo.


—Y yo tengo un contrato. Además me comprometí con Amanda. – dijo encogiéndose de hombros.


El asintió.


—Vamos a tener que llevarnos un poco mejor. No? – le propuso.


—Yo nunca… tuve ningún problema con vos. Solamente me
defendí. – dijo levantando la voz más de lo que hubiera querido.


El se rió y se mordió el labio.


—Ok ok. Empezamos de cero. Yo voy a ser menos forro y voy a hacer de cuenta que vos sos una modelo de verdad. Flaca, linda, y con onda. – al ver que Paula se cruzaba de brazos le sonrió. —Es una broma!


Suspiró.


—No puedo hacer de cuenta que sos flaca. – le dijo él entre risas.


—Ni que sos menos forro. – le contestó ella riendo también.


Se acercó y le tendió la mano para que se la estrechara, simbólicamente sellando el pacto de empezar desde cero.


Tendría que hacer lo posible para soportar los meses que le quedaban, y comportarse de manera profesional como se esperaba de ella. Aunque no estaba acostumbrada al humor de su compañero. Iba a tener que tolerarlo.


Por lo menos se lo veía decidido a cooperar. Era insoportable, pero su trabajo significaba todo para él.


Esa noche se habían mostrado educados el uno con el otro, frente a los invitados, e incluso habían estado charlando con los representantes de la marca, que estaban encantados con la pareja.


Solo un par de meses más, pensó.