viernes, 20 de noviembre de 2015

CAPITULO 51





El día de la segunda sesión, había viajado con su equipo a un parque que quedaba cerca de la productora.


Era enorme, de un verde claro brillante, y lleno de caminitos blancos, canteros, y arboles plantados simétricamente.


Las flores eran blancas y rojas, así que tuvieron que agregar algunas falsas, para las tomas, para agregar más color.


Estaban por todos lados.


Trabajaban a toda velocidad, para no perder luz del día.


La modelo, esta vez llevaba un peinado más elaborado, y le habían pegado algunas de esas flores falsas en la piel. Unas muy pequeñitas.


Paula sonrió. Era precioso.


Anabela la ayudaba, mientras se quejaba de los bichos que volaban a su alrededor.


No se llevaba muy bien con la naturaleza.


Habían sacado millones de fotos, y aún era temprano, así que decidieron empezar a trasladar todo de vuelta, sin
apuros.


Eran más de las 10 de la noche, y ella seguía en el trabajo. 


Se había quedado editando, y había perdido la noción del tiempo.


Estaba tan maravillada con el resultado, que le resultaba imposible irse.


Miró a su alrededor. Todas las oficinas tenían las luces apagadas, ya no quedaba nadie, estaba sola.


Se relajó y se sacó los zapatos.


El celular comenzó a sonar.


—Hola?


—Hola rubia. Dónde estás? Querés que vayamos a comer?


—No Mar. Vayan ustedes, yo me quedo. Estoy adelantando trabajo. Con quién estas?


—No, en realidad estoy solo. Te llamaba para ver si querías salir a comer conmigo.


A Paula se le hizo un nudo en la garganta.


—Lo dejamos para la próxima, si? – le dijo suavizando el tono de voz.


—Dale rubia, no te hagas drama. Un beso. 


—Un beso. – cortó.


Dejó el teléfono en la mesa y se llevó las manos a la cara. Se sentía muy mal. Su amigo estaba esperando que a
ella pudiera estar bien, que pudiera empezar a sentir cosas por él. Cosas que no estaban ahí. Ella lo quería.


Se sentía muy atraída por él.


Pero no podía darle nada más.


Se agarró el pelo y se lo sujetó con una lapicera, para que no le molestara en la cara.


—Pensé que no había nadie. – dijo alguien a sus espaldas.


Pedro.


—Me quedé editando unas fotos…y me distraje.


—Puedo ver? – dijo él señalando la computadora.


—Si claro.


Ella se sentó y empezó a buscar en las carpetas, las fotos que ya tenía terminadas.


—Wow. Son muy buenas. – le dijo sonriendo.


Ella le devolvió la sonrisa.


—Si? Te parece?


—El paisaje es… hermoso, los colores. – Se acercó más a ella, agachándose a donde ella estaba sentada.


Ella podía sentir su respiración en el cuello. El la miró.


Trató de quedarse quieta, mientras él se acercaba para mirar las fotos, pero no podía.


Era como un imán, que la atraía y ella no podía hacer nada. 


Pero como en el boliche, estaba congelada.


Aunque solo por el hecho de que no podía moverse, porque la verdad, que todo el cuerpo le ardía, como si estuviera quemándose.


Alarmada, por no poder controlarse se paró, y se dirigió hacia la puerta.


Tenía que escapar de ahí.


Pero él no la dejó llegar muy lejos.


La siguió, y estirando una mano, cerró la puerta, mientras con la otra la tomaba por la cintura, pegándola a él.


Ella cerró los ojos.


Podía sentir cada centímetro de Jamie contra su cuerpo.



Su calor. La tensión de sus músculos. Su deseo.


El dejó escapar el aire por la boca, de golpe.


Toda la determinación de meses, se acababa de ir al demonio. Su cuerpo empezaba a tomar control, dejando de
lado lo que le decía la razón.


Tomando valor, Paula se dio vuelta, y sin poder contenerse lo besó.


Lo tenía agarrado por el rostro, mientras lo besaba con desesperación.


El gimió.


La alzó por la cadera, y la aplastó contra la puerta, al tiempo que empezaba a subirle la falda.


Ella se movía agitada, tratando de desprenderle el cinturón.


Sus respiraciones desacompasadas, y una sensación de hormigueo por toda la piel. No estaban pensando en nada,
eran pura pasión.


Paula sentía las manos del modelito por todas partes. La recorrían ansiosas.


Estaba a punto de estallar.


El de a poco, le apoyó una mano en su entrepierna. Fue un segundo. Se frenó y la miró.


Como si esperara que ella se lo permitiera, o lo rechazara.


Ella se mordió el labio y asintió.


Entonces, se bajó el cierre del pantalón, y tirando de su ropa interior hasta romperla, se acercó más.


La volvió a besar en los labios, como habían estado esperando hace meses, y la llenó.


Se quedaron quietos mientras la sensación los embriagaba.


Ella se ajustó de su agarre y gimió.


La necesidad se estaba volviendo insoportable.


Llevó su boca a su cuello, y tras besarlo, le dijo: —Movete, Pedro. – casi un susurro.


El cerró los ojos.



****


Había esperado tanto para este momento. No quería apurarlo. Quería que durara para siempre.


Pero era demasiado.


El contacto de Paula, su cuerpo, sus gemidos…y ahora su voz. Pidiéndole que se moviera.


Era más de lo que podía aguantar.


Movió la cadera en forma circular, arrancándole otro jadeo.


—Mmm… – decía ella, abrazándose más. Todo en su cuerpo se aceleró, y no pudo seguir esperando.


La sujetó firme, contra la puerta, y empezó a moverse.


Adentro, afuera.


Saboreando cada segundo, cada sacudida de sus cuerpos.


Arremetía con fuerza, de manera brutal, feroz, lo necesitaba así.



****


Ella se sujetaba por sus hombros, y la espalda.


Todo el mundo había desaparecido.


Solo estaban ellos. Solo escuchaba sus respiraciones, sus jadeos, y el sonido de sus cuerpos chocando entre si, y
chocando con la puerta.


Era maravilloso.


Y en pocos movimientos más, ella se vino gritando. Se apretó con todo su cuerpo.


Abrazándolo con brazos y piernas, mientras él, se dejaba ir también.


Toda la angustia, el dolor, el sufrimiento, el enojo, totalmente
drenados de su cuerpo. No le quedaba nada.


Por un minuto, el centro del mundo era Pedro.


No había nada mejor.


Y lo amaba. Tanto, que todo su cuerpo dolía.


Se quedaron quietos, agarrados al otro, sin querer soltarse.


Sus respiraciones de a poco volviendo a la normalidad.












CAPITULO 50




Tomó aire por la boca, y siguió haciendo su trabajo.


Tenían tanto material como para completar la campaña, pero iban a hacer otra sesión en una locación diferente para futuras publicidades.


Estaba feliz y orgullosa de su trabajo. Había superado sus
expectativas.


Era un sueño hecho realidad.


Cerca de las 11 de la noche, salió de la productora, y casi pega un grito con lo que vio.


Flor, Marcos, una amiga modelo, Mica, y ahora, Anabela, la esperaban afuera para felicitarla por su primera producción.


No pudo evitar emocionarse un poco, ante tal muestra de amistad, y cariño.


Estaban genuinamente felices por ella.


La llevaron a comer, a un lugar que quedaba cerca. Estaba iluminado con velas, y ambientado con música muy suave.


Podría haber sido muy romántico, si no se hubiera tenido en cuenta que sus amigos no paraban de gritar, bromear, aplaudir, y brindar. Ella reía.


Anabela no solía salir, así que valoró el gesto. Sabía que lo hacía por ella.


Después de esos casi dos meses, esta era la primera vez, que se podía decir que estaba feliz.


Cuando terminaron de comer, Flor dijo que iban a salir. A lo que obviamente, su nueva amiga, se negó por completo.


Oh, pero todavía no la conocía.


Podía ser tan persuasiva. La verdad es que, había insistido tanto, que terminó por aceptar, dándole a Paula una mirada
asesina.


Marcos estaba por sugerir un lugar, pero Mica lo frenó.


—No, no. Esta es una salida de chicas. Hace mil años que no salimos.


El la miró casi sacándole la lengua, pero tenía razón.


—Bueno, de todas formas, tengo que entrenar mañana. Así que chicas, pásenla lindo.


Y tras darle un beso en los labios a Paula, se fue a su casa.


Las cuatro amigas, se fueron a preparar para salir a bailar.


Paula, había ayudado a Anabela a producirse. Le había prestado algo de ropa, y la había maquillado.


Rió. Antes tenían que enseñarle a ella a hacer estas cosas, y ahora, lo hacía para alguien más.


Había cambiado tanto.


Llegaron al local, estaba lleno de gente. Anabel, se sujetaba de su brazo, estaba tan fuera de su terreno.


La animaron para que tomara con ellas, y así muy de a poco, se fueron soltando.


Le hicieron notar que estaba preciosa, y todos se daban vuelta para mirarla.


Sus amigas modelos, habían encontrado un par de caras conocidas, y estaban todos hablando en el mismo grupo.


Paula levantó la mirada, y su corazón se detuvo.


Pedro, estaba parado al lado de la barra.


Flor y Mica se estaban llevando a Anabela, para que conociera un chico, y ya estaban demasiado lejos como para
seguirlas. Sus pies se habían quedado clavados en el lugar, incapaces de avanzar.


El la miró, y sin dudarlo, se acercó hasta donde estaba.


Ella estaba un poco borracha, y esto la confundía. Qué debía hacer? Lo poco que le quedaba de lucidez, le decía que
saliera corriendo. Pero su cuerpo se quedaba ahí.


Plantado en el lugar.


Pedro, la tomó por la cintura y acercó su boca a su oído.
—Felicitaciones, Barbie. – le dijo con la voz baja, suave, casi un susurro.


Ella no contestó. Tampoco se apartó.


Había perdido la capacidad de reacción desde el momento en que él la había tocado.


El llevó su nariz a su pelo, detrás de las orejas, y suspiró.


Las piernas de Paula se aflojaban.


—No te das una idea como extrañaba tu perfume…


Suavemente, atrapó el lóbulo de su oreja con los dientes, y respiró profundo.


Todo el cuerpo de Paula se estremeció. Cerró los ojos, y casi involuntariamente, llevó sus manos a los hombros de él, buscando apoyo.


Pedro, viendo que ella no se apartaba, y ahora lo estaba sujetando, fue más allá.


Rozó sus labios por el cuello, despacio, dejando besos en su camino, hasta llegar a la mandíbula.


Ahí se frenó y abrió los ojos.


Ella estaba con los ojos cerrados, hasta ese momento.


Cuando sus miradas se encontraron, todo el boliche desapareció. Solo estaban ellos dos.


Se sintió como en casa. Nada se comparaba con estar entre sus brazos.


Ojalá pudiera volver el tiempo atrás, pensó.


El empezó a acercarse a su boca.


Sentía sus labios casi rozándole los suyos. Su calor, quemaba. Todo estaba en silencio.


No. No podía caer. No podía ser tan estúpida.


Se separó de él de un tirón y corrió buscando a sus amigas.



Pedro la había querido retener, pero ella había escapado.




****


Habían estado tan cerca, que casi la había besado.


Ella todavía lo quería, todavía lo deseaba. Todo su cuerpo había reaccionado tras ese breve contacto.


Dios, como había extrañado tenerla así.


El sonrió.


Todavía no era tarde para ellos.



****


Paula, buscó a sus amigas, y se fueron.


Apenas llegó a su casa, el peso de lo que acababa de pasar le cayó de golpe.


Los ojos se le llenaron de lágrimas.



Se sentía tan vacía, tan sola, tan fría.


Esa noche, como tantas otras, lloró hasta dormirse.